Doctor Julián Chaverri: Con el implante coclear los sordos pueden oír

Por Óscar Ureña García

“El primer implante coclear que se realizó en nuestro país fue el 15 de setiembre del 2002. Era una niña de siete años que padecía de sordera profunda. La operación fue todo un éxito y la niña recuperó la capacidad de escuchar gracias al implante que le colocamos”, dijo el Doctor Julián Chaverri, otorrinolaringólogo graduado de la Universidad de Bordeaux, Jefe del Departamento de Cirugía del Hospital México y profesor del curso de Otorrinolaringología de nuestra Universidad.
Hoy, diez años después, con 196 implantes realizados y varios asesorados en otros países como México, Ecuador y Guatemala, el doctor Julián Chaverri es un reconocido otólogo en Latinoamérica y un verdadero precursor en operaciones de oído en nuestro país.

“El implante coclear”, aclara, “es un dispositivo médico que ayuda a que las personas sordas puedan escuchar. Es un traductor que convierte las ondas sonoras en señales eléctricas que estimulan el nervio auditivo. La cirugía consiste en la implantación de un dispositivo interno en el cráneo de la persona y, luego, un mes después, se complementa con otro dispositivo externo. El resultado es una mejoría del 80 al 90%, dependiendo del caso. Sin embargo, no todos los tipos de sordera pueden resolverse de esta manera. Lo mejor es que se le haga a jóvenes o adultos que alguna vez escucharon o a niños con padres que oyen”.

El doctor Chaverri inició sus estudios en medicina a principios de la década del 70. En el año 1976 se graduó como médico general en la Universidad de Costa Rica. Luego de eso comenzó a trabajar para la Caja Costarricense del Seguro Social e inició su especialización como Otorrinolaringólogo en el Hospital México. No obstante, luego de gestionar su candidatura, ganó una beca para especializarse en la Universidad de Bordeaux, al suroeste de Francia, en 1979.

“Bordeaux es uno de los mejores centros en otorrinolaringología, pero está más enfocado en problemas auditivos. Ahí me especialicé como otorrinolaringólogo y luego como otólogo, pues desde siempre me ha apasionado el oído. A partir de esa especialización, aprendí en profundidad el funcionamiento del sistema auditivo y las técnicas para realizar cirugías. Ese fue el inicio para que hoy pueda realizar este tipo de implantes que permite a las personas sordas escuchar”.

En la década de los 80, cuando regresó a Costa Rica, el implante coclear comenzó a ser una alternativa, en el mundo, para los pacientes con discapacidades auditivas. 1985 Estados Unidos adoptó, en su sistema de salud, este tipo de implantes y en 1987 Argentina realizó sus primeras operaciones con resultados prometedores. En los 90 se inició con el procedimiento en niños. No obstante, para un costarricense, era un procedimiento sumamente costoso. Había que viajar a Estados Unidos, en donde costaba alrededor de 30 mil dólares, sin contar los gastos del viaje. Con todo ese panorama y con una especialización en las manos, el doctor Chaverri buscó la manera de traer este beneficio a Costa Rica.

“En nuestro país no se ofrecía el servicio y me interesé mucho en traerlo por el impacto social y humano que tiene. Con los años, logramos crear un programa, por medio de la Caja, para realizar estas cirugías. Y así nació la Sede Institucional de Implantes Cocleares, ubicada el hospital México, que logró la primera operación en setiembre del 2002”, comentó.

En los primeros años del programa, se realizaba una cirugía por año y la Caja cubría un tercio del costo total de la operación. Luego de una lucha social, se logró que la Caja cubriera el total del costo y desde ahí se incrementó el número de beneficiados, hasta 40 por año. Han sido operados niños de 18 meses hasta adultos mayores de 75.

“Hoy en día, el programa consiste en la valoración interdisciplinaria (con psicólogos, trabajadores sociales y diferentes especialistas médicos) para determinar quiénes pueden recibir un implante. Además, de enseñarles el procedimiento a más otorrinolaringólogos. Gracias al programa hemos logrado más de 190 operaciones exitosas y cubiertas por la Caja. Contamos con uno de los programas más avanzados de Centroamérica”.

¿Qué impacto social tiene este procedimiento?

Un gran sector de la comunidad sorda mundial no acepta esta operación pues consideran que quien nace sordo debe permanecer sordo. Su posición es muy firme. Yo no me quiero involucrar en esa disputa, pues ofrezco mis servicios para las personas que desean ser sometidas a este procedimiento. Nada más.

Ahora, respondiendo a la pregunta, considero que tiene un gran impacto social en el paciente pues le brinda la oportunidad de escuchar a personas que han perdido este sentido y a niños que nacen sordos.

Hay un impacto económico importante: para el sistema de salud costarricense, que se encuentra en una crisis, es más efectivo invertir en un implante de este tipo, alrededor de los 25 mil dólares, que invertir en la atención de una persona sorda durante toda su vida.

Además, la sordera es el principal trastorno congénito a nivel mundial, por encima de la espina bífida y el síndrome de Down. Se estima que cada año, en nuestro país, nacen 28 niños con sordera profunda. Incluso, a nivel político y legal, hemos luchado para que se apruebe el tamizaje auditivo neonatal. Hay un impacto social muy importante al ofrecer una oportunidad para que estas personas oigan.

Realizamos una mejoría no solo médica, sino social en los pacientes. Esto es una manera más humana de ver la medicina. Y eso es lo que la Universidad San Judas Tadeo apunta tanto en sus profesores como en sus estudiantes: médicos con conciencia social.