Isury: el miedo no va contigo

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Por Andrey Araya, estudiante de Licenciatura y profesor de la universidad

Fotos del autor

¡No! Esta vez el miedo y la ansiedad no la encandilan con sus luces de pesadilla urbana. Ahí está Isury Guerrro, un día de mediados de enero, defendiendo su tesis para obtener el título de licenciada en Producción Audiovisual de la universidad San Judas. ¿Cuántas veces pensó que en este momento le sobrevendría el ataque de pánico, que la ansiedad se metería en los nudillos de sus dedos?

Los tiene enfrente: ese jurado insobornable, esa trinidad impasible que mide sus desplazamientos en el aula: Esteban Castro, Manuel Granda y Leonardo Roque. Seis ojos que observan y seis oídos que escuchan cómo explica, cómo aclara, cómo precisa cada aspecto de su video.¿Que tiene un trastorno de ansiedad generalizada? ¿Que tiene fobia social? Eso no importa, porque ahora tiene que defender su tesis y lo tiene que hacer bien…

ACOTAR… ¿Qué?

Quizás usted, estimado lector, conoce la Asociación Costarricense de Trastornos Anímicos Recurrentes. ¿No? Bueno, quizás la haya oído nombrar por sus siglas: ACOTAR. ¿Tampoco? Si nunca ha escuchado sobre ACOTAR, entenderá el motivo por el que esta estudiante de la San Judas Tadeo decidió hacer un video institucional sobre ella.

“Ni yo misma sabía que ACOTAR existía. Fue una amiga, quien también padece trastornos de ansiedad, que buscó opciones de tratamiento en el país y no encontraba, hasta que dio con ella. Entonces hablé con ellos porque yo quería hacer mi proyecto sobre la ansiedad generalizada”, afirma Isury.

Su video nos lleva al interior de una asociación que trabaja de forma silenciosa, con pocos recursos, el trabajo voluntario de 15 psicólogos y nula publicidad. Sus pacientes son personas como usted o como yo (porque usted y yo podríamos ser sus pacientes en cualquier momento), personas que padecen de bipolaridad, de ansiedad, de timidez extrema, de depresión. Gente que lleva el miedo y la desesperación apretados entre los labios, porque saben que serían tachados de locos por sus compañeros de trabajo, por sus mismos familiares, si admiten su trastorno.

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Este ostracismo social al que con frecuencia están sometidas las personas con trastornos de ansiedad, fue una de las mayores dificultades para la realización del proyecto.

“Realizar el vídeo me tomó cinco meses. La primera etapa consistió en formar parte de los grupos para que esas personas me conocieran y accedieran  a que tuviera una cámara conmigo, porque este era su espacio para relajarse y estar cómodos, y yo estaba invadiendo con una cámara su espacio. Para mí empezó siendo incómodo, y para ellos era terrible. Así que yo tomé parte de las actividades.”

Sábado tras sábado de sesiones durante cinco meses. Isury llega y coloca su cámara, ese ojo intransigente que todo lo ve. Isury saluda, sonríe, estrecha manos y comparte, a pesar de su propia fobia social. Habla, mira, escucha. Escucha muchísimo. Se mezcla entre sus nuevos compañeros. Algunos se cambian de pared para no salir en la toma. Uno de ellos toca la guitarra bajo un cartelito que dice “Animándonos”. De pronto, llega alguien nuevo y ve la cámara, la mira con desconfianza, retrocede y se queda en la puerta mientras alguno de los funcionarios de ACOTAR le explica que todo está bien, que no va a salir en tele y que el video servirá para ayudar a otras personas con sus mismos problemas.

“Fue muy difícil. Yo le decía al profesor, Leonardo Roque: No sé cómo voy a hacer. El vídeo lleva muchas tomas de apoyo, pero el lugar no se prestaba porque es muy pequeño y no es tan estético.  Me decía, ¿con qué voy a rellenar? Porque sin testimonios, sin gente, era imposible”, dice Isury, reviviendo con un perceptible temblor en la garganta la angustia del proceso de filmación, y continúa:

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“Pensaba, no vamos a tener personas, va a parecer vacío. Al principio se habló hasta de hacer dramatizaciones en la universidad para llenar esos espacios. Pero poco a poco la gente fue accediendo a salir en cámaras.”

Así es, pasan las semanas y los pacientes de ACOTAR  ya la ven a ella y a su cámara como parte de su entorno. Algunos comienzan a confiarle sus historias, algunos ya hasta le envían mensajes de texto al celular para solicitarle una “arregladita” a su imagen en las tomas. La cámara recorre despacio los estrechos pasillos de la asociación. Ahora le gente le da permiso a ese gran ojo traslúcido que se acerque a ellos, que los escudriñe con sus acercamientos atrevidos.

Porque sabían que esta muchacha delgada y de ojos tan llenos de una extraña energía líquida que parecen estar siempre a punto de la sonrisa, estaba haciendo algo importante. Así se lo expresó doña Marta, cuya hija, quien padece fuertes ataques depresivos que la han llevado varias veces a intentar suicidarse, es paciente en la asociación.

“Ella me vio desde el primer día y se ofreció. Yo no soy paciente, soy familiar –me dijo– pero ACOTAR me ha ayudado montones y yo quiero devolverle un poquito de lo que ha hecho por mí”.

Personas como Marta y su hija buscan en ACOTAR las opciones que la CCSS no les ofrece. “Las citas en la Caja son cada cuatro meses –explica Isury–, y para la gente que padece trastorno de ansiedad el tratamiento debe ser continuo. En cambio ACOTAR tiene horarios flexibles y usted puede llegar un martes, jueves o viernes en la noche, inclusive sábados en la mañana, por si usted trabaja. También ven la necesidad de la persona, es decir, si usted se siente bien hablando, haciendo actividades grupales, está bien. Si usted piensa que requiere atención individual, si está pasando un momento difícil, lo atienden por aparte y le dan un seguimiento semana tras semana, y sin cobrarle.”

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Ahí está Isury, cinco meses después defendiendo su video. Las primeras tomas nos revelan una fachada color papaya de un pequeño y desconocido edificio de dos plantas en el que ahora sabemos que se aloja la Asociación Costarricense de Trastornos Anímicos Recurrentes.

Quizás es el convencimiento de la importancia de su tesis la que le da aplomo a Isury para llegar a este momento de defenderla. Quizás fue el apoyo de su madre, de amigos, compañeros y el de su profesor los que la mantuvieron a flote en el arduo proceso de filmación y edición.

El caso es que ahora está ahí, haciendo lo que tantos estudiantes han hecho o intentado hacer. Pero para Isury someterse a este tipo de presiones puede significar el desmoronamiento de su mundo por un momento, causándole un ataque de pánico que altera el tiempo y el espacio en el que habita.

Y sin embargo, lo hace, y lo hace bien… “Su defensa fue una de las mejores que he visto en la universidad. Su manejo escénico fue muy bueno. Esperábamos que por su discapacidad tuviera algunos problemas para exponer, pero no fue así. La exposición se caracterizó por ser muy precisa y aportar datos importantes del documental y su proceso de producción”, me dirá tres meses después el profesor Leonardo Roque.

Ahí está sobreponiéndose a sí misma, demostrando el dominio de un proyecto audiovisual tallado a punta de persistencia, con la terquedad que solo merecen los trabajos que buscan trascender, como la misma Isury admite con justificado orgullo: “quiero informar a la sociedad, porque yo que tengo cuatro años de tener ansiedad generalizada y le puedo decir que la gente no sabe qué es ni cómo tratarla. Si yo hubiera sabido antes de ACOTAR no hubiera tenido la necesidad de medicarme, y quiero ayudar a que la gente no pase por lo mismo que yo pasé”.

Aquí puedes accesar el video de Isury