Leonardo Roque: “Estoy contento de alcanzar aquí el título de catedrático”

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Foto: Stephanie Castro.

Por Andrey Araya Rojas, estudiante de la licenciatura en Comunicación de Masas

Leonardo Roque recibió la noticia con la calma zen que lo caracteriza. Un momento antes, Froilán Escobar le había informado de que la universidad decidió otorgarle el grado de catedrático por su trayectoria destacada con la institución.

Unos días después, cuando lo entrevisto un jueves por la tarde, proyecta esa misma actitud relajada. Pero en el fondo es un hombre de acción. En la mañana había entregado al Consejo Nacional de Enseñanza Superior Universitaria Privada (CONESUP) la propuesta final de una maestría en Producción Audiovisual, lo que convertirá a la San Judas Tadeo en la primera universidad del país en impartir una maestría en este campo.

Emprender este tipo de proyectos no es algo nuevo para él. Hace 10 años se propuso la creación de la licenciatura en Producción Audiovisual y, aunque la universidad lleva nueve años ejecutándola, siente que aún debe de trabajar mucho para mejorarla. “Cada profesor quiere darla a su manera, y uno como director de la licenciatura tiene que llevar la batuta para que se sincronicen. Pero estoy contento”, afirma con un dejo de orgullosa satisfacción.

Leonardo Roque me recuerda lo que solía decir Joaquín Gutiérrez sobre su obra: que el cuento es un puño cerrado y la novela es una mano extendida; a veces quería escribir cuentos, pero el puño se le abría y le salían novelas. Roque ha pasado su vida abriendo los puños, expandiéndose, mejorándose, transformándose a sí mismo para tener la libertad de ser cada vez más él mismo.

Conversamos en la misma aula donde recibí el curso de Laboratorio de Medios III, uno de los tres que imparte, junto a Narrativa Audiovisual y el Seminario de Graduación. El argumento, el equilibrio, los puntos de giro, la dramaturgia. Elementos básicos del narrar, tanto con la palabra como con la imagen. Fue en esta aula donde, abriendo un paréntesis en el temario de la clase, se tomó el tiempo para enseñarnos, con un breve ejemplo, una lección de vida:

–¿Saben qué es aprender? –preguntó con su particular acento cubano-argentino.

Respuestas vagas iban a venían, y cuando ya nos mirábamos entre nosotros un poco aturdidos, nos espetó con esa hermosa profundidad de lo sencillo.

–Aprender no es memorizar que cuatro más cuatro es igual a ocho. Aprender es cuando adquieres la capacidad de llegar a ocho sumando cinco más tres, o siete más uno. Es poder llegar a ese resultado encontrando tu propio camino.

Pero los inicios de Roque no fueron los de alguien que se propuso,deliberadamente desde la infancia, trabajar con la magia del celuloide para después transmitir ese conocimiento. La primera vez que Roque abrió el puño para transformarse tenía 19 años, en su natal Cuba. Por esa época, el cine lo salvó de ser matemático, su primera opción profesional.

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Foto: Jennifer Barrantes.

“Descarté la matemática cuando conocí el cine. A los 19 años entré a un cuarto de edición. Estaban editando un documental y me fascinó lo que vi ahí. El director dijo, qué lástima que no grabamos esto para esta parte. Entonces la editora respondió: no, pero tenemos imágenes del otro documental acá que nos pueden servir para éste. Yo pensé, ¡coño!, ser editor es casi como ser Dios. Si tú piensas y debo poner imágenes de tu pensamiento, pongo las imágenes que me dé la gana, ¿te das cuenta?”

Su vocación de multiplicarse, de abrir los puños y ser más de lo que ya era, lo llevó a salir de Cuba ante la crisis económica que azotó la isla iniciando los años 90. Y llegó a Costa Rica, donde combinó la labor de director de proyectos audiovisuales con la docencia.

En la San Judas Tadeo empezó dando el curso de Televisión, pero alrededor del 2004 se sumergió en la tarea de armar una licenciatura en Producción Audiovisual. Hombre pragmático como es, imbricó el plan de estudios con las posibilidades reales que el mercado costarricense puede ofrecerle a los egresados.

“Me di cuenta de que había un nicho en el documental institucional.¡Todo el mundo necesita uno! Nosotros no queremos que la gente sea cineasta porque no hay trabajo en eso. Se están colocando en los medios de comunicación y, sobre todo, en las instituciones, donde la gente necesita producción audiovisual. A principios de este año, German Vargas, presidente ejecutivo de canal 13, nos felicitaba diciéndonos: qué lindo, porque lo que ustedes hacen tiene una utilidad.”

Roque tiene la gran satisfacción de haber descubierto, por medio de la producción audiovisual, otra de sus grandes pasiones: la enseñanza.Nuevamente abrió los puños y se transformó, a punta de esfuerzo, en pedagogo.

“Llegado un momento, en el año 2002 o 2003 tuve que tomar una decisión. O seguía produciendo documentales y llegar corriendo a la universidad a dar los cursos que pudiera dar, o me comprometía a ser el profesor y en mi tiempo libre hacía producciones audiovisuales. Así que tomé esa decisión. Para no dar marcha atrás, estudié la maestría en educación  con énfasis en currículum. ¡Y me fascinó! Cuando terminé de estudiar ya tenía la tesis y la presenté porque no podía perder tiempo, necesitaba el título.  Después de eso pude unir la docencia con la producción audiovisual.”

Como buen cubano, es un insular que desborda sus límites cartográficos, huyendo de ese aislamiento que le impone la geografía, para forjar una mente continental.Y con esa energía potenciadora logró que los estudiantes aprendieran esa especial sintaxis que debe dominar todo aquel que quiera hablar con las imágenes.

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Leonardo Roque, cámara en mano, a la derecha, filmando su documental sobre los cabécares. Foto: Stephanie Castro.

“En la San Judas logré que se enseñara en los cursos de televisión el lenguaje audiovisual, que trabajaran detrás de la cámara en la construcción de ese lenguaje. Y la licenciatura es eso, toda mi manera de pensarde lo que debería ser una obra audiovisual. En nueve cursos el estudiante asume un manejo  digno de un lenguaje visual y sonoro para poder comunicar.”

Roque afirma que llegó un momento en el que sentía más placer cuando lograba algo desde el punto de vista educativo que en lo audiovisual. Lo dice desde uno de esos pupitres en el que ha tenido sentados a cientos de estudiantes. Estudiantes que han logrado admirarlo y hasta seguirlo en sus peripecias curriculares.

Tal es el caso de Andrés Chávez, técnico de grabación de sonido en Cadena de Emisoras Columbia y profesor de Producción de Radio en la licenciatura de Periodismo Deportivo de nuestra universidad.

“Me especialicé en producción radiofónica, pero me metí al bachillerato en periodismo para llegar hasta la licenciatura en Producción Audiovisual. Leo fue la razón por la que estudié enla San Judas. Es un referente para saciar mis inquietudes sobre cine y la producción audiovisual en general. Siempre tiene una respuesta concreta, es un experto en la pedagogía”, recalca Chávez, pasando su voz por el filtro de la admiración forjada en las aulas.

Quizás el amor por la pedagogía lo hace un agudo observador de sus alumnos. Un lente (el lector me perdonará esta analogía tan obvia) que detecta el interés especial de un educando, la capacidad para asumir retos. Eso fue lo que le pasó a Stéfany Castro. Llevó los cursos de Narrativa Audiovisual y Seminario de Graduación, y durante el proyecto final, Roque le propuso trabajar como editora en la universidad, puesto que actualmente ocupa.

“Su papel como profesor es excelente, ya que es un intelectual, un gran formador. Se preocupa por estar al día y motivarnos a crecer en el ámbito profesional. Siempre está dispuesto a ayudar incluso a los que no son alumnos de él. Es muy fácil entender cuando explica no sólo porque sabe de lo que habla, sino también por la pasión con que lo hace”, apunta Castro.

El acompañamiento y dedicación que nuestro cineasta pedagogo invierte en sus alumnos, es refrendado por todos aquellos para quienes sus indicaciones, correcciones e implacables cortes en la sala de edición, han sido significativos para su desarrollo profesional.

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Foto: Jennifer Barrantes.

Ronald Díaz, reconocido periodista, empezó en el 2010 un documental, La pandemia del tabaco, sin mayor experiencia en los medios audiovisuales (aunque durante años cultivó el amor por los documentales) por lo que decidió complementar su empeño con el conocimiento académico que le podía brindar la licenciatura en producción audiovisual de la San Judas, donde Roque lo recibió en sus primeros cursos.

“Empecé el documental a puro instinto, pero Leo me dio ciertos criterios, se sentó conmigo a verlo y me hizo algunas observaciones. Después, como trabajo final de la licenciatura, hice el documental Yolanda O. Ambos ganaron el premio de producción audiovisual René Picado Esquivel”, explica Díaz.

Para el periodista, una de las mayores fortalezas de Roque es que tiene muy claros los conceptos del lenguaje cinematográfico, gracias a su sólida formación en Cuba. Pero también destaca otro aspecto: “logra transmitirle al alumno una especie de inquietud para que éste busque sus propias soluciones. Uno lo puede aprovechar tanto dentro como fuera del aula, tiene esa anuencia con los que se muestran interesados.”

Leonardo Roque adquiere un tono hierático cuando habla de la entrega y el respeto que les debe a  sus alumnos.

“Para mí un estudiante universitario puede tener muchas más habilidades, mucho más conocimiento que yo en otra cosa. En el nivel de licenciatura, por ejemplo, los respeto porque son periodistas. Lo que yo tengo es la responsabilidad de mediar en el campo teórico en el que doy clases. Creo que eso es básico. Siempre me he visto como un mediador comprometido; es decir, este es el marco teórico, esto es lo que hay que enseñar, y yo te ayudo a que tú penetres en ese marco teórico, ¿te das cuenta? Para mí el estudiante merece todo el respeto.”

De hecho, Roque es un fiel defensor de la educación privada que en este país le ha dado muchas oportunidades a esos estudiantes que tanto respeta: “anoche estaba viendo el 20° Informe del Estado de la Nación y dije ¡coño! 45% de la población que no ha terminado la secundaria. Pero si hoy estamos en crisis, estaríamos como Haití si las 50 universidades privadas no se hubieran lanzado a la aventura de educar”, afirma con la seguridad y vehemencia con la que siempre expresa sus opiniones.

Y cuando se refiere a la San Judas, no oculta el agradecimiento por una institución que ahora le agradece a él honrándolo con el título de catedrático. El silencio y la engañosa calma con los que reaccionó cuando Escobar se lo dijo, se convierten ahora en una mirada lúdica que brinca por encima de sus lentes redondos.

“Helia y Froilán me dieron la libertad de enseñar. Aquí no te dicen que no. Crecimos con la licenciatura, ahora estamos con periodismo deportivo, ahora viene la maestría en producción audiovisual. Y ya casi está la resolución prácticamente definitiva de un bachillerato y licenciatura en Relaciones Públicas. Todo eso me causa mucho placer, porque la San Judas ha sido la institución que a muchos nos ha permitido materializar los sueños.”