La historia de Paula Acevedo  

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Texto por Johel Solano Castillo y fotos por Sharon Villalobos G.

Hoy es jueves 30 de julio del 2015.

Al igual que los 28 niños de la sección 2-7 de la escuela Carlos Sanabria Mora lo escribo en mi cuaderno. La clase de matemática va a iniciar y la maestra Paula Acevedo gira las instrucciones. Ella luce segura, le da confianza a los niños y se ve feliz. La niña Paula disfruta lo que hace. Aunque en un momento de su vida parecía imposible, ella cumplió sus sueños.

“Me gusta estudiar con ella porque me trata bien.”, Jimmy Quirós, 8 años.

Paula Acevedo desde pequeña quería ser maestra, sin embargo, se casó apenas salió del colegio. Pronto llegaron sus hijos: Elías (16), Sally (8) y Mathías (5) y su papel de madre-esposa se convirtió en la prioridad de su vida. Además de eso, día a día, cumplía su jornada laboral como asistente dental, puesto que ocupó por más de una década.

Hoy está enseñando las tablas de multiplicar. En la audiencia se encuentran niños atentos, otros más dispersos; niños bulliciosos y callados, cuando, de repente, Fabri tiene el pantalón mojado. “Niña tengo el pantalón mojado y no me he orinado, no me he orinado”, insiste.

La maestra lo mira con ojos de misericordia y le pregunta por el refresco guardado en el bulto. El niño lo duda, pero la profesora tenía razón.

“Me parece muy buena niña porque pone ejemplos fáciles. Siento que puedo confiar en ella y me gustaría llegar a tercero”, Xianny Álvarez, 8 años.

Su historia convence al más incrédulo. Segura de que los sueños se podían cumplir, ella dio pasos de fe y matriculó en la universidad. Sí, una mujer madre de tres pequeños, además de cumplir con su trabajo, ella decidió concluir la universidad.

“Mis hijos son el motivante de una. Yo quería lograr mis sueños y superarme por ellos, gracias a Dios mi esposo Luis me ayudó mucho y fue en un sacrificio muy grande, pero sin duda valió la pena”, explica la maestra quien cumplirá 17 años de casada en los próximos meses.

El aula siete está pintada de azul celeste. Está decorada con carteles de las diferentes materias y no hay espacios vacíos. El ejército vestido con camisa blanca y pantalón azul presta atención. Al final del segundo trimestre algunos ya tienen los pantalones raspados, algunos huecos y los típicos zapatos gastados.

Por eso, hoy Paula sonríe. Disfruta compartir con los niños. Hoy siente gratitud al enseñarles a leer a todos sus alumnos y aunque en algún momento pensó que no lo lograría, lo hizo.

“Yo quería cumplir mi sueño y cuando entré a la U tenía tres meses de embarazo de mi hijo menor. Pero yo dije que las barreras estaban en la mente y empecé a matricular de dos en dos. Acabo de sacar la Licenciatura y hoy me siento realizada”, expresa.

“Mi materia favorita es español y me gusta aprender con ella porque es muy simpática”, Jefferson Ruiz, 7 años.

El mismo día que Paula fue a pedir información Universidad San Judas Tadeo, se matriculó. Emprendió un viaje hacia la ciudad llamada satisfacción personal, allí donde los sueños se hacen realidad.

Ahí en ese escritorio se encontró a sí misma. Llena de paz revisa cada uno de los trabajos de los menores, mientras el viento mueve unos dibujos de los estudiantes a sus espaldas que se encuentran pegados en la pared. paula 2