Responsables de la obra son graduados de la licenciatura en Producción y Realización Audiovisual

Egresados de la San Judas presentan el corto De Fresa y Cereza

El quipo de producción de De Fresa y Cereza junto a su mentor. De izquierda a derecha: Leonardo Roque, Gabirel Marín, Andrés Chaves, Caralina Elizondo, René Sancho, Mayteé Streber.

El equipo de producción de De Fresa y Cereza, con su mentor, Leonardo Roque, a la izquierda. Junto a él, en el orden usual: Gabriel Marín, Andrés Chaves, Catalina Elizondo, René Sancho, Mayteé Streber.

 

Por Andrey Araya R.

El auditorio está repleto. El director de la licenciatura en Producción y Realización Audiovisual, Leonardo Roque, presenta de forma emotiva a los realizadores del cortometraje De Fresa y Cereza. Hace años, él los conoció como estudiantes: los hacía volver una y otra vez a la sala de edición para que sus proyectos alcanzaran la excelencia.

Ahí están ellos, ahora como cineastas: Andrés Chaves, el director; Maytee Streber, productora; René Sancho, productor ejecutivo; Gabriel Marín, director de fotografía; y Catalina Elizondo, la guionista.

Pero crear esas historias, transformarlas en imágenes y llevarlas a ese enorme rectángulo de tela, no es fácil. El equipo que emprendió la tarea de este proyecto lo sabe muy bien, y quisieron compartirlo con los estudiantes de la San Judas Tadeo.

“Este filme es como una cápsula del tiempo”, le dice Andrés a los asistentes, con lo que hace referencia a la dificultad de grabar una historia de ficción ambientada en 1995.

DSC_0033

Cada uno de ellos hace una intervención breve. No quieren quitarle más minutos a la noche para dejar que su trabajo hable por ellos. Al fin y al cabo, todos coinciden en que el trabajo en equipo y la pasión por hacer cine de calidad es lo que los impulsa.

El sétimo arte es algo asombroso: de pronto, las luces se apagan y hacés un pacto del gozo con el que te comprometés a creer todo lo que está a punto de proyectarse en la pantalla. Y, por el tiempo que aquella ilusión de realidad titile en el fondo de tus ojos, te entregás al placer de mirar algo por vez primera.

El público, los estudiantes de nuestra universidad, observa atento desde las primeras imágenes. Hay algo regocijante en ver tu propia cultura reflejada en la pantalla. Las sonrisas irrumpen en lo oscuro, las miradas de complicidad se contagian cuando alguno de los personajes dice un “mae” o un “qué carga”; cuando las casas y los barrios se van pareciendo tanto a tu casa y a tu barrio; cuando el padre de la heroína, a lo mejor, se parece tanto al tuyo y hasta te regaña igual. Entonces, te sobresaltás cuando truena el disparo del arma del villano y te quedás pensando si estarán muertos…

Los 32 minutos que dura el filme son engañosos: pareciera fácil llenar media hora en la pantalla. Después, sus realizadores dirán que les tomó cerca de un año de trabajo, eso sin tomar en cuenta los cinco años de pre producción desde que surgió la idea.

Porque no se trata solamente de proyectar la película. Los estudiantes tienen la oportunidad de conversar con los artífices de la obra. Y preguntan profusamente, con efervescencia, con esa emoción del descubrimiento que te hace decir: ¡Si ellos lo hicieron, yo también puedo hacerlo!

DSC_0040

El equipo de producción responde a las muchas inquietudes de esos jóvenes que, quizás, hasta este momento, pensaban que realizar un proyecto como estos sería imposible para ellos. Pero Andrés, Gabriel, Mayteé, René y Catalina les dicen que sueñen; más aún, que hagan, que realicen. Les recuerdan que hace algún tiempo ellos también fueron alumnos de la San Judas.

Para el director, presentar esta cinta en su alma máter es algo especial.

“Es muy gratificante devolverle a la universidad un poquito de lo que ella nos dio a nosotros, sobre todo con un proyecto que está profesionalmente bien realizado. Es un orgullo compartirlo con los estudiantes, y esperamos que esto sirva de motivación para los que quieren realizar cortometrajes”.