Para regalarle una tarde a las madres de Lomas del Río

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El Comité de Extensión y Acción Social de la facultad de Periodismo desarrolla diferentes actividades en la Casa de Socorro El Buen Samaritano de Pavas.

 

Texto y fotografías de Lorna Rojas

En ocasión del festejo por el día de las madres, la profesora Marta Julia Díez, coordinadora del Comité de Extensión y Acción Social de la facultad de Periodismo y Comunicación de la San Judas, ya comenzaba a cocinar la comida que disfrutarían las mujeres que colaboran con diversas tareas en la Casa de Socorro El Buen Samaritano de Pavas.

“Me gusta disfrutar de la actividad completa, participar animando a las homenajeadas y compartiendo un rato con ellas, por eso prefiero levantarme muy temprano para llevar todo listo, solo calentar y servir”, manifiesta Marta Julia con su característica jovialidad.

Pero las fechas, a veces, solo son un pretexto. En este caso, se trata no solo de madres y abuelas de la zona, sino de mujeres que donan su tiempo para que la Casa de Socorro siga brindando sus servicios  a la comunidades de Lomas del Río y Rincón Grande.

DOÑA MIRANDO

Si llegás cualquier día a las instalaciones de este centro, verás a alguna de ellas barriendo, a otra repartiendo las fichas para las citas médicas de la Clínica que auspicia la San Judas, a otra sacudiendo, o a otra en la cocina preparando los almuerzos para los 80 niños a los que se les da alimentación gratuita dos veces por semana.

Ahora era el momento de que dejaran sus labores cotidianas para disfrutar de esas horas en las que se les reconocería su aporte a la acción social llevada a cabo por la Casa de Socorro.

En  la mañana se encontraron en la Universidad la profesora Marta Julia y su hermana, María Paz, con los estudiantes de Periodismo José Miguel Arce y José Vargas, con bolsas llenas de utensilios desechables, manteles, limpiones, y ollas llenas de ilusión.

Los estudiantes Andy Cubillo (izq.) y José Miguel Arce con la profesora Marta Julia Díez.

Los estudiantes Andy Cubillo (izq.) y José Miguel Arce con la profesora Marta Julia Díez.

 

Unas tres semanas antes, y como en otras actividades coordinadas previamente por el Comité, el cuerpo docente, los estudiantes de la facultad y graduados se unieron para recolectar los insumos necesarios para la fiesta.

Doña María Carrillo fue una de las primeras madres en presentarse. Es vecina de Lomas del Río. Después de quedar viuda, hace 15 años, sintió que su vida ya no tenía sentido; pero ahora, a sus 80 años, se dio cuenta de que tiene cosas que hacer. Con unos ojos chispeantes e ilusionados dijo que participar de este tipo de actividades le hace sentir útil, se le olvidan las enfermedades.

En esta ocasión, demostró el entusiasmo de una jovencita al dar rienda suelta a ese espíritu que dice la ha mantenido tan bien durante su vejez. Tuvo ocho hijos y la vida no le fue fácil, pero ahora  se dedica el tiempo a ella misma: sale a visitar amigos y aprovecha cuando la Casa de Socorro la invita. Para ella esta es una actividad muy esperada, pues ahí encuentra calor humano.

ABRIENDO REGALO SEÑORA BAILANDO

Pero no es la única para la cual este tipo de eventos es más que una simple fiesta.

“Participé en la actividad de los adultos mayores realizada en diciembre. Aquí pude compartir con mis vecinas y salir de mi rutina un rato. Estas personas (los organizadores) tienen realmente un espíritu de servicio y amor por los demás. Nos hacen sentir como en familia”, afirmó doña María Elena Quesada.

Y el festejo comenzó con una presentación. Con esa primera dinámica se asomaron algunas historias, como la de doña María Elena, que contó cómo su hijo nació en su casa…

O doña Socorro, que caminó sola hacia el hospital cuando estuvo en labor de parto…

O doña María, que se atrevió a relatar la historia de su hijo fallecido…

QUEQUE

Y llegó el tiempo del almuerzo. Con mucho entusiasmo, la profesora y los demás colaboradores sirvieron un delicioso arroz con palmito y queso, con una ensalada de lechugas, tomates cherry y elotes minis.

Las comensales se mostraron muy satisfechas con la rica comida y elogiaron a la profesora por su destreza culinaria. Pero no se quedaron ahí. Con un cucharón como micrófono y una peluca graciosa, ellas interpretaron las letras de sus cantantes favoritos y hasta se podría decir que se sabían la coreografía que acompañaría su canto; las carcajadas, aplausos y porras las animaron y, en el tiempo del baile individual, se lucieron en grande.

Quizás la alegría fue por la fiesta, quizás por los regalos, quizás por el karaoke, o quizás, fue también por esa cultura de solidaridad que nuestra alma máter ha venido fomentando en sus estudiantes y profesores desde sus inicios, y que ahora se proyecta en el extremo de ese distrito lleno de contradicciones y necesidades que es Pavas.