De bombero a  graduado de  Medicina en la San Judas

¡Comienzo mi residencia en el hospital San Juan de Dios!

 

Sebastián no solo obtuvo su residencia en anestesiología, sino que obtuvo la segunda mejor nota en las pruebas de admisión.

Sebastián no solo obtuvo su residencia en anestesiología, sino que obtuvo la segunda mejor nota en las pruebas de admisión.

 

Por Andrey Araya Rojas

 

Sebastián Montalvo es un joven de 30 años con una sonrisa fácil y sincera, de esas que tienen la capacidad de hacerte sentir cómodo con él de manera automática.

Aún tenía fresco el recuerdo de su graduación como licenciado en Medicina y Cirugía, el 11 de mayo pasado, cuando el 5 de octubre recibió una de las mejores noticias para alguien que está empezando su carrera como profesional de la salud.

No solamente logró entrar a la residencia de anestesiología, una de las especialidades de más alta demanda en el país, sino que obtuvo la segunda mejor nota en los exámenes de ingreso entre 80 aspirantes.

Al leer estas líneas, se puede pensar que todo ha transcurrido de manera vertiginosa y sorpresiva para Montalvo, quien hasta hace unos días trabajó para el Benemérito Cuerpo de Bomberos de Costa Rica.

Sin embargo, empezó a prepararse para las pruebas de la especialidad desde que aún andaba por los pasillos de la San Judas.

“Yo tengo dos años estudiando para el examen, no es que agarré el temario el día que salió la convocatoria y me puse a estudiar.  Ya uno sabe cuáles son los libros más conocidos de la especialidad. Inclusive, durante el internado, me ponía a leer cosas de anestesia”.

Entre su desenfado y jovialidad sale a relucir una persona a la que le gusta planificar su futuro y no dejar cabos sueltos en la vida. Por eso, no es de extrañar que, durante los primeros años de la carrera, ya estuviera pensando en qué área se especializaría.

Tuvo dudas si entre emergencias y anestesia, pero la experiencia de la las rotaciones lo inclinó por la segunda.

Sebastián Montalvo (al frente, de izquierda a derecha) durante su internado en el Hospital México.

Sebastián Montalvo (primero al frente, de izquierda a derecha) durante su internado en el Hospital México.

 

“Cuando roté en el México, en cirugía, tuve el chance de ver muchas cosas de anestesia. En cirugía cardíaca los pacientes los mandaban a las 7 a.m., pero el cirujano llegaba a las 8 a.m. a realizar la operación. El que se encargaba de preparar al paciente, durante toda esa hora, era el anestesiólogo. Les ponen la vía central, los equipos de monitoreo y demás. Los anestesiólogos me explicaban todas esas cosas”.

Al futuro médico le pareció fascinante ver cómo en unas pantallas se pueden resumir las pulsiones vitales de una persona. “Es como un laboratorio de fisiología en tiempo real”, dice.

 “No hay que rendirse la primera vez que uno fracasa. Sí, estudié dos horas para un examen y no lo logré: la próxima voy estudiar cuatro. Y si con cuatro no lo logro, estudiaré seis, hasta tener éxito”.

Pero hay que oír lo que dicen sus compañeros y profesores. Ellos son los que más efusivamente lo describen.

 “Yo digo que esta especialidad se la ganó desde antes de hacer las pruebas. Siempre lo veías jalando los libros de anestesia para todo lado. Es una persona carismática, que inspira  a los demás. Lo admiro como colega y amigo, porque nunca ha puesto un pero para alcanzar lo que ha logrado”, dice Pablo Sibaja, también graduado de la carrera de Medicina.

“Sus compañeros de la estación de bomberos hasta le tenían un aula para que él estudiara. Una vez nos metimos desde las 4 de la tarde hasta las 4 de la mañana estudiando. Cuando yo no daba más, él me decía que ese era su ritmo de siempre”.

El futuro anestesiólogo se preparó durante dos años para los exámenes de residencia.

El futuro anestesiólogo se preparó durante dos años para los exámenes de residencia.

 

La doctora María Fernanda Sánchez lo define como un estudiante que, “desde el inicio quiso ser anestesista y lo consiguió gracias a su empeño”.

El futuro

A pesar de transmitir tranquilidad, Montalvo es un motor fuera de borda. Cuando comience su residencia en el Hospital San Juan de Dios el próximo año,  tendrá que seguir echando mano a esa misma dosis de energía.

“Además de ser estudiante del postgrado tendré que cumplir con una carga laboral y un horario. Por ejemplo, si mi jornada es de siete a cuatro, tendría que entrar a las seis de la mañana y recibir clases de seis a siete. Después del trabajo aprovecharé las noches para hacer los trabajos y estudiar”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL BOMBERO QUE SE QUEMA LAS PESTAÑAS PARA SER MÉDICO

 

Una férrea disciplina es la que ha acompañado a Sebastián Monsalvo en sus estudios de Medicina.

 

  • El estudiante trabaja en el Benemérito Cuerpo de Bomberos de Costa Rica desde hace 10 años

 

 

Texto, video y fotografía por Diego Piñar Segura

Edición de video por Stefany Castro González

 

Para no hacer largo el viaje con el taxista me pongo a revisar las fotos del personaje de mi historia. En una de las imágenes que abre, aparece vestido de bombero en pleno simulacro ante unas llamas gigantes.

Se me ocurre que este bombero del Aeropuerto Juan Santa María es como hijo de las emergencias, es un ser con un coraje particular.

Llegamos a Tibás y el taxista exclama:

“¡Parece que no va a llover!”

Sebastián Montalvo, un joven de 28 años que estudia la carrera de Medicina en el Colegio Universitario San Judas Tadeo, abre el portón de su casa y su pastora alemán, llamada Noa, me recibe en paz.

“Yo empecé a trabajar en bomberos a los 18 años, en la estación de Heredia. Veía accidentes de tránsito en la madrugada y ahí fue cuando me nació sacar la carrera de medicina”, comentó Montalvo.

“Una compañera me dijo que se iba abrir una plaza en la estación del Aeropuerto: metí papeles y ya tengo siete años de trabajar ahí”, contó mientras acariciaba a Noa.

Actualmente está a punto de comenzar el internado de su carrera, pero su esfuerzo por ser médico y trabajar como bombero se ha basado en el coraje. Su tono de voz denota disciplina, orden, seguridad.

“En las noches, alrededor de las 8 p.m., si todo está tranquilo, yo me puedo sentar a estudiar hasta las 2 a.m. Eso es una ventaja que me dio el Aeropuerto, porque es una estación tranquila y tengo chance”.

Sebastián con su traje especial para incendios.

Muchas veces, cuando tenía exámenes o estaba presionado por los cursos de la U, sus horas de estudio en el Aeropuerto Juan Santa María podían transcurrir hasta las 4 a.m. Me comenta que en Alajuela  atiende emergencias con avionetas, cuestiones médicas, y pasa entrenando todos los días con sus compañeros.

“Yo echaba los libros en el cajón de la moto y me iba al trabajo, hacía las labores de bombero, luego me sentaba con los libros y, a veces, terminaba a  las 4 a.m., y a las 6 a.m. seguía mi jornada laboral”.

 El trabajo no fue pretexto para no ir a la U

 

Sentado en el sillón de su casa y con su querida Noa en las rodillas, recuerda que la San Judas le dio todo el apoyo cuando comenzó su ilusión de ser galeno.

“Hay mucha gente que usa el trabajo como excusa para no esforzarse. Yo he sacrificado tiempo con la familia y con los amigos. Las horas que yo uso para estudiar tengo que reponerlas en el trabajo, y eso lo hacía los fines de semana”.

Después de explicarme cómo distribuía el tiempo para ir a clases, se le vinieron a la mente todos aquellos compañeros que le ayudaban haciéndole horas en la estación mientras iba a la U.

“Cuando empezaba el cuatri yo decía: Voy a ir a clases este día, este día y este otro”.

Me detengo a observar la gesticulación que hace con los dedos en la mesa y continúa con las cuentas.

“Y le decía a un compañero: Mae, cúbrame los martes, cada 15 días y yo le saco los sábados”.

Sebastián seguía hablando y, en el fondo de mi cabeza, noté el secreto de su esfuerzo: es increíblemente metódico.

El final de la anécdota vendría con una sonrisa enmarcando la buena noticia: en el trabajo le aprobaron una licencia sin goce de salario para hacer el internado rotatorio.

“En la universidad  me ayudaron mucho”

El bombero se llevó a Noa a su encierro para continuar con la entrevista, y desde lejos, como reclamándole a Sebastián, hacía ruidos de lástima.

En el año 2012 fue becado en “el segundo o tercer cuatrimestre”, gracias a sus calificaciones de honor y, en aquel momento, su bolsillo tocó el cielo.

Muy pronto, Sebastián cumplirá su sueño de ser médico.

Cuando no podía asistir  a clases hablaba con los profesores para ponerse al día y se desvelaba horas  haciendo las tareas atrasadas.

“Tuve una beca de un 30% y con mi salario pagaba el resto de la U. A mí me ayudaron  las personas que trabajan en la administración de la San Judas, fueron comprensivos conmigo”.

A las 3 p.m. terminé la entrevista con la esperanza de pasar por las afueras del aeropuerto Juan Santa María y recordar que ahí está este futuro doctor entre humo, mangueras y libros de medicina.

Sebastián nos habla de esa meta tan preciada que está a punto de lograr: