Charla de experta en ingeniería ambiental

Ciudades sostenibles: árboles y luego bosque

BOSQUE CON GENTE

Por Andrey Araya Rojas

En el 2002, el mismo año en que se llevaba a cabo la Conferencia Mundial de Desarrollo Sostenible, conocida como Cumbre de Johannesburgo, la Universidad Federada San Judas Tadeo comenzó el proyecto de reforestar la margen del río Torres frente a sus instalaciones, que hasta entonces era utilizada como un gran basurero. A este esfuerzo se sumaron sus estudiantes, graduados, los vecinos y organizaciones de la zona y la municipalidad de San José.

Poco a poco, lo que antes era un vergonzoso foco de contaminación, no solo comenzó a llenarse de verde de un bosque, sino que se constituyó en un espacio en el que los estudiantes, trabajadores de la U y los transeúntes pueden disfrutar sus ratos de ocio en medio de los árboles autóctonos que se sembraron, mientras departen cómodamente en las bancas que donó la municipalidad: se convirtió en un lugar de disfrute para las personas.

Todo esto forma parte del concepto de Ciudades Sostenibles expuesto por la ingeniera Karen Araya en una charla impartida este lunes en nuestro auditorio.

Karen Araya cuanta con 5 años de experiencia en trabajo en gestión de proyectos para el desarrollo, con enfoque en estrategias de desarrollo bajo en carbono.

Karen Araya cuanta con 5 años de experiencia en trabajo en gestión de proyectos para el desarrollo con enfoque en estrategias de desarrollo bajo en carbono.

 

“Las ciudades tienen que ser diseñadas para las personas: hay que pensar en sus necesidades. De hecho, el campus universitario puede ser un modelo de ciudad sostenible en sí mismo”, dijo Araya, coordinadora del Área de Energía e Innovación del Centro para la Sostenibilidad Urbana (CPSU), organización no gubernamental que se dedica a impulsar modelos sostenibles urbanos que garanticen el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes.

Pensar en verde es un lugar común cuando hablamos de estos temas, pero la experta dibuja un panorama más amplio de lo que entendemos por sostenible.

“Una ciudad sostenible es una que ofrece una buena calidad de vida a sus ciudadanos, minimiza su impacto en el medio natural, preserva sus activos ambientales y físicos para las futuras generaciones, y a través de ellos promueve la competitividad. También cuenta con un gobierno local con capacidad para llevar a cabo sus funciones urbanas con la participación activa de la ciudadanía”.

Moverse bien para vivir bien

¿Quién recomendaría a un turista pasear por el centro de San José?, pregunta la experta al auditorio. Quizás usted, estimado lector, expresaría la misma negativa.

Araya describe nuestra capital como una urbe con un modelo “carro centrista”, que prioriza la movilidad de los automóviles sobre los peatones.

Ante esto, la pirámide de movilidad propone que se le dé un lugar de privilegio al peatón y a formas alternativas de movilizarse, como la bicicleta.

Los modelos modernos de movilidad urbana, como el logrado en Bogotá, Colombia, priorizan al peatón sobre los carros.

Los modelos modernos de movilidad urbana, como el logrado en Bogotá, Colombia, priorizan al peatón sobre los carros.

 

“Una ciudad debería promover que las personas caminen unos 10.000 pasos al día, pero le gente debe sentir la seguridad para poder caminar”, enfatiza la ingeniera.

Este énfasis en abrirle cada vez más espacio a los vehículos y no a las personas tiene consecuencias reales sobre la calidad de vida de las personas.

En el 2014, el ministerio de Vivienda y Asentamientos humanos (Mivah), dio a conocer un estudio en el que se determinó que los costarricenses perdemos un promedio de 15 días al año metidos en las presas, debido a un deficiente modelo urbano.

Araya explicó que el sector transporte es el responsable de un 44% de emisiones de gases de efecto invernadero, sustancias que no solo provocan un aumento en la temperatura del planeta, sino que juegan un papel en la incidencia de enfermedades respiratorias.

Retos

Lograr que nuestras ciudades sean sostenibles constituye un reto de varios frentes. Para la especialista, por ejemplo, la ciudadanía tiene que posicionarse para presionar por políticas públicas beneficiosas, como se logró con las ciclovías en San José.

También se requiere que el sector privado y el público se unan, ya que los paradigmas medioambientales a los que estábamos acostumbrados se han ido ampliando.

“Evolucionamos desde el concepto de empresas carbono neutral hasta hablar de territorios carbono neutral”; es decir, zonas donde las municipalidades, los empresarios y organizaciones civiles se han unido para alcanzar modelos de desarrollo urbano sostenible.

Araya señaló que las empresas pueden dar incentivos a los trabajadores que lleguen en bicicleta, o hacer campañas para promover el transporte compartido, por ejemplo.

“Debemos diseñar las ciudades y nuestro entorno de acuerdo con la experiencia del usuario”.

Otro reto que aqueja a las urbes es el manejo de sus desechos y la generación propia de energía no contaminante.

Araya dice que esfuerzos como los que ha emprendido la San Judas en esa dirección son muy importantes.

La colocación de paneles solares, ecotanques para aprovechar el agua de lluvia en el riego de jardines y limpieza de los pisos, la colocación de basureros clasificadores de desechos, son algunas de las acciones que la institución ha implementado a lo largo de los años para reducir su huella ecológica.

La doctora Helia Betancourt, rectora de la San Judas, también señala los programas de responsabilidad social llevados a cabo en la zona de Lomas del Río de Pavas, en conjunto con líderes comunales y organizaciones sociales, que se concretan en la Casa de Socorro El Buen Samaritano de Pavas, donde la institución auspicia un comedor infantil y una clínica que brinda atención médica gratuita a la comunidad.

“Todos estos esfuerzos deben conducir al mejoramiento de la calidad de vida de las personas, y estamos en la disposición de colaborar en programas que el CPSU esté desarrollando”, recalca la rectora.