Conferencia de Pablo Gámez, graduado de Periodismo de la San Judas

La cara oculta de la industria digital

 

En su investigación, el magíster Pablo Gámez (derecha), descubre cómo la industria digital oculta deliberadamente el verdadero impacto que producen en el ambiente.

En su investigación, el magíster Pablo Gámez (derecha), descubre cómo la industria digital oculta deliberadamente el verdadero impacto que producen en el ambiente.

 

 

Por Andrey Araya Rojas

 

Si la industria digital fuera un país, sería la quinta nación más contaminante del planeta. En el mundo se producen entre 20 y 50 millones de toneladas métricas de desechos electrónicos al año. Cada vez que hacemos clic en una página web, generamos 0.03 gramos de dióxido de carbono. Para producir 500 mil vehículos eléctricos al año, se necesita absorber toda la producción de litio del mundo.

¿Cómo llega Pablo Gámez a estas revelaciones? Porque en la San Judas me enseñaron a preguntar, dice. Y lo reitera ahora en esta entrevista para 4Ojos. Pablo, graduado de la primera generación de Periodismo de nuestra universidad, mostrará en su conferencia, ese jueves 28 de abril, ante un auditorio de futuros comunicadores que, en su mayoría no pasa de 25 años, y que viven inmersos en un mundo configurado por lo que él llama la Deidad Digital.

Nuestro conferencista es magíster en Marketing Digital. Poco después de graduarse de la San Judas se fue a Holanda, donde trabajó hasta el 2016 en Radio Nederland. Actualmente es consultor independiente en Transformación Digital & Storytelling y fundador de la ONG Observatorio Nacional para la Transformación Digital.

Allan Trigueros, expresidente del Colegio de Periodistas y también graduado de la San Judas, fue una de los que aprovechó el espacio de preguntas para plantearle a Gámez sus inquietudes.

Allan Trigueros, expresidente del Colegio de Periodistas y también graduado de la San Judas, fue una de los que aprovechó el espacio de preguntas para plantearle a Gámez sus inquietudes.

 

Fue precisamente en la sala de redacción de Radio Nederland, que a inicios de la década del 2000 tuvo que transformarse para sobrevivir en un mundo dominado por las nuevas tecnologías de la información (TIC´s), donde le surgió la inquietud por esa marca, aparentemente invisible, que los medios digitales dejan en el ambiente.

Con el pasar de los años, esas primeras dudas lo llevaron a emprender una investigación que le llevaría 4 años de trabajo alrededor del mundo, pisándole los talones a esas grandes compañías que nos venden el discurso de las “energías limpias” y la benevolencia ambiental de “la nube”. Este esfuerzo se convirtió en el libro Depredadores digitales, una historia de la huella de carbono en la industria digital, que pronto será publicado en España, aunque posiblemente, como el mismo autor dice, “es un libro que no caerá bien”, precisamente por sus incómodos y polémicos hallazgos.

Gámez pronuncia de manera contundente una frase tras otra, pero lo hace sin grandilocuencia, más preocupado de acompañar cada oración con la evidencia que la sustenta. Hace pausas prolongadas, como si hiciera un barrido mental por ese acervo de más de 500 fuentes documentales y activas que consultó para su investigación.

“La industrial digital es tangible. Ese ente etéreo que llamamos “nube”, requiere de una inversión inmensa de recursos, de la extracción de metales como litio, cobre, manganeso, entre otros, y esa extracción es sumamente contaminante para el ambiente”, dice, consciente de que habla de la vuelta de tuerca de un paradigma: el pasar de lo analógico a lo digital no ha representado un impacto positivo para el ambiente. En muchas ocasiones, se contamina aún más.

El magíster Froilán Escobar, decano de la facultad de Periodismo, y la doctora Helia Betancourt, rectora de la Universidad, le entregaron a Gámez un título de reconocimiento por su conferencia.

El magíster Froilán Escobar, decano de la facultad de Periodismo, y la doctora Helia Betancourt, rectora de la Universidad, le entregaron a Gámez un título de reconocimiento por su conferencia y su ardua investigación.

 

Dentro de una hora, asombrará a su público con datos inusitados. The New York Times, por ejemplo, afirma que el costo energético de Internet equivale a 30.000 millones de megavatios, el equivalente «a la energía que generan treinta plantas nucleares». Además, la huella de toda la industria digital supera a la de la industria de la aviación.

Para Gámez, la humanidad se ha rendido ante la omnipresencia de la “deidad digital”, ese ubicuo monstruo que llamamos Internet y que se mete, por paradójica voluntad de sus esclavos, en los rincones más escondidos de la intimidad. Nos acompaña desde que nos despertamos, en nuestro camino al trabajo, durante las horas de oficina, cuando buscamos en Facebook un restaurante para ir a cenar, cuando vemos un programa en nuestra televisión inteligente, mientras usted lee este texto.

“Hemos construido un “jardín del edén digital”, compuesto por un sinnúmero de aparatos que requieren nuestra constante atención: teléfonos celulares, ipads, relojes digitales, tablets, etc. Pero la construcción de estos aparatos tiene una impacto tremendo en el ambiente, además de que están construidos para ser sustituidos en poco tiempo”.

A través de su investigación, Gámez expone que la transformación del mundo a través de las nuevas tecnologías no ha modificado lo esencial, no ha significado la superación de los viejos males de un sistema ideológico del consumismo desenfrenado. No obstante, sí nos vende historias de humo que nos hacen sentir bien y políticamente correctos a través de una elaborada estrategia discursiva.

“El capitalismo digital no es mejor que el que teníamos, pero logra una gran rentabilidad a través de este discurso hueco y falso de lo sustentable. Cuando me venden un auto eléctrico no me pueden decir que vamos a descarbonizar, porque la fabricación de estos autos lleva implícita una contaminación que es producto de esa combinación alquímica de metales y de minerales que hacen posible ese bien”.

Y, en medio de todo esto, está el periodismo. Esta profesión ahora está inmersa en ese mundo digital que intenta lavar conciencias con ese vano discurso ecologista. Pero no se trata solamente de la utilización de las plataformas digitales, sino que, en alguna medida, los medios refuerzan ese discurso.

“A nivel mundial hay un enamoramiento, una confabulación con la deidad digital que carece de elementos críticos. Pero desde el periodismo debemos generar esos elementos. El pensar digital es distinto, demanda una holística de conocimiento compleja; entonces no se trata de llegar simplemente a cacarear la presentación del nuevo modelo de Huawei y decir que tiene la mejor cámara, y que es plegable, etc, sino saber cuánto contaminó la producción de ese aparato”.

Una vez terminada la conferencia, varios estudiantes se acercaron a Gámez para agradecerle personalmente y conversar un poco más sobre el tema.

Una vez terminada la conferencia, varios estudiantes se acercaron a Gámez para agradecerle personalmente y conversar un poco más sobre el tema.

 

El camino que ha recorrido Gámez para llegar a estas conclusiones no ha sido fácil. Durante su investigación, se ha enfrentado al silencio de las grandes corporaciones, reacias a revelar los datos sobre el impacto ambiental de sus operaciones.

“Por ejemplo, en Asia y en el mundo árabe no hay acceso de información acerca de la huella digital. Green Peace y la misma Amnistía Internacional han ejercido una presión importante para visibilizarla, pero tenemos una dificultad para enfrentar el storytelling de una empresa como Google, que es quizás una de las compañías digitales más contaminantes, por la cantidad de búsquedas que genera por segundo y la huella de carbono de cada una de estas búsquedas.

Este periplo emprendido por Gámez requiere de hacerse las preguntas correctas y saber dónde encontrar las respuestas, algo que aprendió en su alma máter. “Esta Universidad me enseñó a preguntar”, dice reiteradamente desde el principio.

“El libro me ha costado un año y medio escribirlo, y hacerlo asequible al público no especializado, porque hay un manejo de cifras complejo. Para eso me sirvió mucho la formación que tuve como periodista en la San Judas, porque aquí fue que me enseñaron a preguntar. Eso me permitió hacerme las preguntas que quise asumir para entender la modernidad digital que me tocó vivir”.

Por supuesto, esta búsqueda incansable lo ha transformado. No es el mismo Pablo Gámez el que empezó la investigación hace poco más de cinco años que el que está a punto de publicar el libro.

Depredadores Digitales me lleva a una necesidad de desmantelar mi yo digital, de volver a conectar con mi esencia. Yo crecí aquí, en la montaña, y ahora procuro volver a esa naturaleza, a ese silencio como fuente primaria, a una necesidad cada vez menor de mi relación con la deidad digital”.

Para Gámez, desconectarse es abrir estos espacios de silencio introspectivo que fue algorítmicamente sustituido por la deidad digital, que es dueña de nuestro silencio, que crea una disrupción, una disconformidad estructural con la vida, porque sabe lo que te hace falta, porque cada vez que haces una búsqueda en tu teléfono, esa búsqueda llega a vos.

“La información que pasa por tu teléfono ya está preprogramada. Estás siendo leído constantemente. Y ahora, a través del Internet de las cosas, hasta el refrigerador te va a leer. A eso muchos le llaman progreso. ¡Pues a mí no!”.

Este incansable investigador afirma que Depredadores es un libro educativo, honesto, que expone la forma en que él hace las sumas, la forma en que sigue las pistas a otros investigadores que se han adentrado en el tema. “Es para mí una realización traer el resultado de esta investigación aquí, a mi Alma Máter, que me enseñó a preguntar”.