Montserrat Gatgens, coordinadora académica Facultad de Educación

“La inclusión en la educación debe hacernos superar las etiquetas que les ponemos a los niños”

 

La licenciada Montserrat Gatgens explica que las nuevas corrientes educativas llaman a la superación de etiquetas que se les ponen a los niños con capacidades especiales.

La licenciada Montserrat Gatgens explica que las nuevas corrientes educativas llaman a la superación de etiquetas que se les ponen a los niños con capacidades especiales.

 

Por Andrey Araya Rojas

“Énfasis en atención a las necesidades especiales del niño en el aula regular”. Esta es la leyenda que encontrarás en la página web de la Universidad Federada San Judas Tadeo cuando entrás a consultar la información de las licenciaturas en Educación Preescolar y en Educación de I y II Ciclo.

Pero ¿cómo contribuye este énfasis a lograr una educación más inclusiva? ¿Cómo son preparados los futuros docentes en las aulas de la San Judas para afrontar el reto de esta diversidad que encontrarán en las escuelas del país?

A estas y otras preguntas contesta la licenciada Montserrat Gatgens, coordinadora académica de la faculta de Educación, una apasionada de su profesión que llevó la especialidad en Educación Especial “para ayudar a los niños que no tienen voz ni poder para expresar sus necesidades particulares”.

Integración vs Inclusión

“A lo largo de la historia han ido evolucionando los términos relacionados con la educación especial, comenzando con la actitud hacia los niños. Los que tenían limitaciones físicas o cognitivas, o eran diferenciados por alguna otra razón, se excluían, como si fuera algo contagioso, o como si fueran cosas del demonio”, explica Gatgens.

PARA ABRIR CON NIÑO ESPECIAL (1)

“Después vinieron las aulas integradas del Ministerio de Educación, pero integración no es lo mismo que inclusión. La integración es como si tuvieras a los niños con necesidades especiales en un círculo. Ese círculo forma parte de un todo, que es la escuela, pero siguen aparte en un lugar donde no están compartiendo, donde no están adquiriendo las mismas habilidades que los demás”.

La coordinadora académica expone que la inclusión trata de afirmar la igualdad entre todas las personas en el marco de las diferencias que caracterizan a cada individuo.

“Esto va de la mano con el lenguaje. No se dice, por ejemplo, este niño es síndrome de Down, o este otro niño es autista. Primero que todo, el niño es una persona, y tiene tales características. Tampoco hablamos de discapacitados, término que hace años ya no usa en el campo educativo, pero la gente lo sigue usando. El problema es que al hacerlo estamos juzgando el todo por la parte”.

Pero al abordar el tema de educación inclusiva se debe hacer desde una mirada amplia, no desde los límites de padecimientos y condiciones especiales, como dictaría el lugar común.

“La inclusión no se refiere solamente a personas con condiciones como el autismo o el síndrome de Down, sino a diferencias socioeconómicas, étnicas, de género, etc. Una escuela equitativa debe fomentar un ambiente en el que todas estas diferencias se vivan y se acepten en un ámbito de normalidad”.

El concepto es tan amplio, que fácilmente se deja por fuera -sigue explicando Gatgens- a los niños súper dotados o con habilidades muy especiales. Estos niños diferenciados también pueden sufrir de exclusión porque no se les da respuesta a sus necesidades especiales.

Es tan importante en las nuevas corrientes educativas, que la educación especial constituye un eje transversal del bachillerato, en el cual se va tocando el tema poco a poco. También existen cursos específicos como el de Problemas de Aprendizaje, por ejemplo. Y en las licenciaturas se pone el énfasis en Atención de las Necesidad Educativas Especiales en el Aula Regular.

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“Las estudiantes van conociendo diversas formas para poder abordar las situaciones que se les presentarán en el aula. Por ejemplo, en el curso de licenciatura que imparto, El Niño Especial en el Aula, no puedo ver cada caso específico del trastorno del espectro autista, pero sí las generalidades sobre qué puedo hacer yo como docente para ayudarle al niño mientras me informo más o hablo con los especialistas. También se les explica que existen centros de apoyo y dónde se puede encontrar la información necesaria”.

Gatgens insiste en que la preparación de las docentes es fundamental, ya que ellas mismas pueden excluir a los niños sin darse cuenta. Puede pasar que, al enfrentarse ante un niño con capacidades especiales, la maestra sencillamente le da hojas para que pase dibujando o no lo toma en cuenta. Los compañeros notan eso y reproducen este patrón de exclusión.

Contra las etiquetas

“Hace poco hablé con una maestra que estaba muy preocupada porque le tocó un niño negativista, desafiante, que es un problema conductual. Ella tenía una docente de apoyo pero, a pesar de no haber conocido aún al niño, entró en pánico. Le dije que tenía que conocerlo primero, no etiquetarlo, que lo tratara como a los demás niños. Lo hizo y el niño no le dio problemas”, relata la especialista en educación especial como ejemplo de lo contraproducente que es encerrar al niño en una definición conductual, como si fuera una camisa de fuerza de la que ya no podrá liberarse.

“Hay diagnósticos que etiquetan a los niños. La etiqueta nos puede indicar ciertas características que el niño puede tener, pero debemos valorar sus capacidades y limitaciones características para saber qué hacer con él. Pero si leo un diagnóstico que dice que tiene una discapacidad intelectual y juzgo que nunca llegará a aprender a leer y escribir, ni siquiera lo intento”.

Esto es parte de lo que la facultad enseña a las futuras maestras, pero enseña además a manejar un factor clave en el proceso de aprendizaje de los niños.

“Pues también se les enseña a tener empatía con los padres, ya que no es fácil tener una persona con discapacidad en la familia. Muchos de estos niños pasan mucho tiempo en el hospital. Los padres necesitan un docente que les dé seguridad, un maestrom al que realmente  le interese el desarrollo y el aprendizaje del niño”.

Otro lugar común que se repite como un mantra es que los niños son crueles. Para Gatgens, es importante que la familia les proporcione a sus hijos un ambiente inclusivo. Si los niños ven que los papás se burlan de personas con síndrome de Down, ellos también lo harán.

Marjorie Porras, Psicologa no vidente, compartió con las estudiantes del curso El Niño Especial la manera en que afronta su discapacidad.

Marjorie Porras, Psicologa no vidente, compartió con las estudiantes del curso El Niño Especial la manera en que afronta su discapacidad. Foto cortesía de Montserrat Gatgens.

 

“Es cierto que los infantes pueden ser crueles, pero eso ocurre porque tienen miedo, ya que no los han enseñado cómo reaccionar ante otros niños con capacidades especiales. Y también hay padres que piensan que están solos y se quedan pensando: Ay, es que mi hijo tiene discapacidad y no se puede hacer nada”.

Pero las etiquetas se van superando a medida que los conceptos evolucionan. La autoridad académica explica que ahora se tiende a hablar no de necesidades educativas especiales sino de barreras de aprendizaje. Estas barreras son las que el ambiente le pone al estudiante para dificultarle alcanzar cosas.

“Por ejemplo, si la maestra tiene un niño con problemas visuales y solamente pone imágenes en su presentación y no utiliza otros recursos como el audio, establece una barrera de aprendizaje. Y no necesariamente la discapacidad es la que la que representa para el docente una barrera de aprendizaje. Si tengo una maestra que habla muy rápido y no puedo entenderle, ahí también hay una barrera”.

El niño en el centro

Las nuevas corrientes educativas ponen al niño en el centro del proceso de aprendizaje. El planeamiento del docente debe ir de acuerdo con las características de los niños, cómo es su estilo y ritmo de aprendizaje; tomar en cuenta las inteligencias múltiples, cuáles se tienen que desarrollar, etc.

“Aquí les enseñamos que el docente debe ser flexible e innovador. También tomamos en cuenta los aportes de otras disciplinas, como la neurociencia, que nos da los fundamentos de por qué son mejores ciertas formas de enseñar y no otras”.

Ahora se trabaja en un planeamiento diferente llamado diseño universal del aprendizaje, que sigue la línea del diseño universal arquitectónico en el que se basa la  Ley de Igualdad de Oportunidades para las Personas con Discapacidad (Ley 7600).

“Desde el inicio de la carrera se ve cómo se planean las clases. Hay cursos de currículum, didáctica general; eso te da la estructura para poder dar una clase. Ya en la licenciatura hay cursos como Necesidades Educativas Especiales y El Niño Especial, en los que se ve como se trabaja el diseño universal en el planeamiento, de manera que se ajuste a las características de todos los estudiantes que tenés en el aula, lo cual no es nada fácil”.

Pero no solo son los niños y padres de familia los beneficiados con la preparación que reciben los futuros docentes en la San Judas.

Al graduarse de licenciados, salen con una doble titulación. Aparte del título de Educación Preescolar o Educación de I y II Ciclo, cuentan con la categoría ET2, que les permite concursar en el MEP por una plaza de educación especial.

“Además, muchos centros privados tienen que contratar a las profesoras regulares y a las de educación especial por otro lado, pero nuestras graduadas ya tienen ese plus que las hace más competitivas”.