Donación de la San Judas permite concluir estructura tradicional cabécar

El canto de Sibö vuelve a oírse en su Casa Cósmica

De acuerdo con la cosmogonía cabécar, la Casa Cónica representa el universo tal y como lo creó Sibö, su principal deidad.

De acuerdo con la cosmogonía cabécar, la Casa Cónica representa el universo tal y como lo creó Sibö, su principal deidad. En la imagen, la nueva Casa que se está construyendo en Grano de Oro de Turrialba.

 

Por Andrey Araya Rojas

Fotografías cortesía de Freddy Obando Martínez

Realización de video: Leonardo Roque Pujol y Stefanny Castro González

Ves a Freddy Obando, líder cabécar de Grano de Oro (un pueblo ubicado a 39 kilómetros del centro de Turrialba) clavando en la tierra los ocho postes de madera con la ayuda de varios jóvenes. Ves a estos hombres golpeando unos largos troncos con palos gruesos hasta arrancarles la corteza como preparativo inicial para armar el esqueleto de la Casa Cónica.

Si hubieras llegado hace unas semanas, los habrías visto tomar chicha de banano en hojas como parte del ritual de purificación necesaria para cortar los troncos al bosque. Freddy te habría explicado que solo podían salir a buscar la madera en tiempos de cuarto menguante, y que antes de salir debían pedirle permiso, de manera respetuosa, a los espíritus dueños de los árboles que cortarían.

Mientras la estructura se erige hacia las nubes, podés ver a Freddy y a sus ayudantes preparar las hojas de caña brava para techar ese cono gigante que, según la cosmogonía cabécar, representa el universo.

Y aunque podés ver a Freddy exhalar satisfacción ante el avance de la obra, entre sudor y sonrisa hay algo que le preocupa. Ya están aquí las lluvias. Y aún hace falta la mitad de las hojas necesarias para terminar el techo. Y no es poco. Cada rollo de caña brava tiene el grueso de tu mano extendida, y cada bulto contiene 100 de esos rollos. Y hacen falta 25 bultos, 2500 rollos, para concluir la parte superior de la Casa Cónica.

Es una preocupación válida. Sin más caña brava no se puede terminar el techo. “Hay que pagar las hojas, el transporte, los peones. Es mucho esfuerzo. Un señor me cobra a siete mil colones el bulto de cien rollos. Y no se puede hacer con otra hoja que no sea la de caña brava, porque como empezamos debemos terminarla”, explica Freddy.

Pero en unos días, el 30 de mayo, probablemente verás de nuevo a Freddy, ya no en fotos, ni en videos, ni en un texto que intenta explicarte la importancia de la Casa Cónica para la cultura cabécar.

Lo verás en persona en el auditorio Alicia Vargas Gené, en una actividad que servirá de telón de fondo para que la Universidad Federada San Judas Tadeo realice la entrega de una importante donación que le permitirá llevar adelante  la obra.

Lo verás junto al magíster Guillermo González, docente de la San Judas, quien además de ser lingüista e investigador, ha dedicado gran parte de sus estudios, junto con su amigo Freddy, a estudiar la lengua y la cultura cabécar.

“Para los cabécares el mundo es una gran casa. Cuando las construyen están reproduciendo, a nivel cotidiano, esa enorme casa que es el mundo, pues cada parte de ella tiene una relación con el cosmos. Ahí los cabécares aprenden sobre su cosmovisión por medio de los relatos e historias míticas de cómo fue creado todo”, explica el docente.

Las hojas de caña brava que cubren el techo deben ser tejidas con una técnica específica, aprendida de generación en generación.

Las hojas de caña brava que cubren el techo deben ser tejidas con una técnica específica, aprendida de generación en generación.

 

Freddy refuerza esta idea poderosa de que este tipo de edificaciones son fundamentales para la supervivencia de su cultura, tanto así, que se deben seguir procedimientos de construcción y rituales específicos para elaborarse correctamente.

“Una vez, en Chirripó, hicieron una casa en un mes, pero en seis meses se cayó, porque no sabían. Yo podría transmitir ese conocimiento, pero solo puedo enseñarlo dentro de la casa. No puedo poner los palos donde yo quiera. Sibö hizo el mundo por donde sale el sol, así se debe empezar, y la puerta tiene que estar de ese lado. Las divisiones simbolizan los diferentes mundos que hizo Sibö”.

La construcción de esta Casa Cónica ha sido un sueño perseguido por la comunidad cabécar de Grano de Oro desde que se perdió la casa original, alrededor del 2014, en la zona indígena de Simiriñak. “Muchos nunca han visto una, y esta sería la primera vez, cuando la termine”, recalca Freddy, en su alegría.

Lo que ahora es una realidad tangible, esa casa cósmica que ahora puede tocarse, a la que ahora se le pueden tomar fotos y videos, comenzó años atrás, en el 2015, cuando la Representación Estudiantil de la San Judas de aquel entonces, se impuso el reto de recaudar los fondos necesarios para el paso indispensable antes de pensar en pilares y paredes: la compra de un terreno.

A través de la campaña “Una Casa Cónica para los Cabécares”, se logró conseguir el millón de colones necesario para adquirir ese trozo de tierra en el que ahora una imagen del cosmos resurge hacia las nubes.

Para el profesor Guillermo González, este logro no es algo alegórico, ni una simple curiosidad folclórica para los curiosos.

“Esto ha impactado positivamente a la comunidad. Mucha gente está llegando a verla, a preguntar. A nivel de conocimiento es importantísimo lo que se está dando porque, para que una casa de estas pueda funcionar como un espacio de aprendizaje y de promoción de la cultura, debe de cumplir con los cánones tradicionales, que solo conocen ciertas personas, que son quienes las construyen”.

En el siguiente video podrá apreciar el proceso de construcción de esta casa tradicional cabécar:

En este punto, González reconoce el trabajo que la San Judas ha realizado con los pueblos indígenas, al evidenciar sus problemas y necesidades a través no solo de campañas, sino de libros y trabajos periodísticos que abordan las diferentes problemáticas que  enfrentan.

“A nivel mediático, los indígenas no suelen acaparar espacios. Es muy injusto que estas poblaciones, que se encuentran en tan grave situación de vulnerabilidad social, no logren evidenciarse al resto de la población. Y la San Judas ha hecho un trabajo maravilloso con sus estudiantes y profesores ara dar a conocer sus problemáticas, especialmente la de los cabécares y los ngäbe. Espero que todo este trabajo siga repercutiendo de manera positiva en el futuro”.

Mientras tanto, Freddy Obando y sus aprendices siguen tejiendo la caña brava, siguen armando el universo, tal y como Sibö lo hizo al inicio de los tiempos. Por fin podrá cantar el bursiké, el canto de la tierra con el que se inauguró la primera Casa Cónica de la creación.

Entonces podrás verlo, si vas a Grano de Oro, a 39 kilómetros del centro de Turrialba, o a una hora y media en vehículo (si querés ponerle tiempo a las distancias) y podrás ver cómo ese gran cono se levanta orgulloso contra el cielo, y quizás, si ponés atención, el viento frío que se escabulle entre los cerros verdes que te rodean, te cuenten la historia de cómo Sibö guardó las semillas de maíz dentro de la casa después de cantar el bursiké, y cómo, de esas semillas, nacieron los cabécares. Podrías pensar que vos sos una de esas semillas, y que al mirar hacia la Casa Cónica ahora volvés a los orígenes, cuando todos éramos granos de maíz con vocación de personas.