Graduada de Medicina entra a residencia en EE. UU.

Rosa de Carvalho, el sueño de convertirse en doctora

 

En la San Judas, Rosa de Carvalho cumplió su sueño de convertirse en doctora. Ahora está a punto de cumplir su otra gran meta, hacer una especialidad en Estados Unidos. Foto cortesía de Rosa de Carvalho.

En la San Judas, Rosa de Carvalho cumplió su sueño de convertirse en doctora. Ahora, está a punto de cumplir su otra gran meta, hacer una especialidad en Estados Unidos. Foto por cortesía de Rosa de Carvalho.

 

Por Andrey Araya Rojas

Cuando Rosa De Carvalho subió al podio, ya habían pasado todos los actos protocolarios de la primera graduación de ese 2017. Aun así, no lo pensó dos veces para salirse del programa y desplegó una hoja en la que tenía escrito su discurso. Cuando normalmente ya las emociones se disipan, después del brindis y las togas y las fotos, la recién graduada de la carrera de Medicina y Cirugía volvió a cargar el aire del salón Corcovado, en el hotel Crown Plaza, con eso que podemos llamar alegría, una alegría que agradece a su casa de enseñanza y a su familia por el esfuerzo sostenido durante años.

De esta manera comencé la nota de aquel evento. Me había llamado la atención la actitud de Rosa, su seguridad, su desenfado para romper el guion, su rostro predispuesto a la sonrisa y esa urgencia de homenajear a todos los que la acompañaron en ese sueño de convertirse en doctora.

Dos años después de esa intempestiva y feliz intervención, Rosa tuvo un nuevo motivo para sonreír: después de un largo y costoso proceso, ganó la residencia de la especialidad en Medicina Familiar en Estados Unidos.

“Obtener una residencia aquí es sumamente difícil. Tienes que vivirlo para comprender lo arduo que es”, dice Rosa desde Miami, adonde se fue a vivir con su familia después de su graduación.

Las cifras le dan la razón. De 11.949 personas que aplicaron en el 2019 a una residencia en la categoría de International Medical Graduated (médicos que se graduaron en el extranjero pero desean ejercer en Estados Unidos), solamente 7025 lograron una posición. ¿Qué pasa con el resto? Tienen que esperar hasta el próximo año, hacer el mismo proceso, volver a pagar el costo de las pruebas y competir con los nuevos que entrarán al juego.

El camino que la llevó hasta donde está hoy, comenzó en su natal Cuba, donde cursó algunas materias de Medicina, pero fue en la Universidad Federada San Judas Tadeo, a partir del 2014, donde puso a caminar su sueño.

“Le doy las gracias a la San Judas por facilitarme continuar los estudios de Medicina en Costa Rica, porque aquí, en EE. UU., tendría que haber iniciado la carrera desde el principio. En la San Judas me convalidaron ciertas materias que ya tenía”.

Los cursos de Atención Primaria Ambiental (APA), con que cuenta la carrera en nuestra Universidad, y el apoyo de los profesores, la prepararon para dar el gran salto a la residencia de Medicina Familiar.

“El voto de confianza de los profesores es fundamental; esa es la semillita para que tú sigas, la cual depende de ti. Además, en Cuba no se imparte APA como materia, eso lo recibí aquí. Tú puedes ir a los Ebáis y conocer cómo vive la población. Vas a la casa del paciente y llevas el servicio al más necesitado que no puede llegar al hospital. El médico familiar en EE. UU. es algo así como el doctor de cabecera que brinda la atención primaria, que hace prevención y promoción de la salud. ¡Hacia allá voy!”.

Dice Rosa, que no deja de sonreír en la pantalla del teléfono a través de la video llamada. Tiene un entusiasmo contagioso, que parece envolverte y hace imposible no compartir su alegría, porque se le desborda hasta por la comisura de los labios y cuando la escuchas, todo parece fácil, pero para ella no lo fue en absoluto.

Cuando llegó a Costa Rica, lo hizo con la convicción de no perder el tiempo, y el ambiente que encontró, tanto de docentes como de sus compañeros, facilitó su adaptación, aunque eso no significara robarle menos horas al sueño.

“A mí me encanta estudiar. En Cuba también es fuerte, así que lo llevé muy bien porque tenía una base. No me importaba quedarme despierta hasta las dos de la mañana o levantarme a las tres. Había que hacerlo. ¡No matter what! Cuando había exámenes, entre los compañeros nos ayudábamos. También ayudan mucho las tutorías que nos daban los estudiantes más avanzados”.

Las rotaciones del internado fueron un reto que afrontó con la misma entereza.

El Larkin Community Hospital, de Miami, será el lugar en el que Rosa de Carvalho hará la residencia de Medicina Familiar.

El Larkin Community Hospital, en Miami, será el lugar en el que Rosa de Carvalho hará la residencia de Medicina Familiar. Foto por cortesía de Rosa de Carvalho.

 

Rosa cuenta que las más dura fue precisamente la de su materia favorita: Ginecología y Obstetricia, que llevó en el Hospital San Francisco de Asís, en Grecia, Costa Rica. Los especialistas del centro “la llevaban recio”, lo que la llevó a esforzarse cada vez más.

Cuando sacó una nota sobresaliente en el examen final, el profesor, como un halago a su logro, le dijo: “Usted de verdad que es inteligente”.

–No sé si inteligente, pero sí muy perseverante –le respondió Rosa, como si se felicitara a sí misma por superar sus propias expectativas.

Pero mucho antes de las rotaciones, mucho antes de tener en sus manos el título que la acreditaba como doctora, Rosa de Carvalho ya trabajaba en su sueño, en ponerle piernas para que llegara lejos.

“El primer examen de todo este proceso de la residencia lo tomé en el 2015, y la persona con la que empecé a estudiar fue con la doctora Milagros González. Yo le había comentado que deseaba hacer una especialidad en los EE. UU.”.

González, profesora de Medicina Comunitaria y Ginecología y Obstetricia, comenzó a estudiar con Rosa. Fuera del horario de clases, se sentaban a repasar la materia y ver videos. Ella le hacía preguntas de bioquímica y anatomía.

Fue una primera guía en un proceso complicado, divido en tres pasos, pero que en realidad comprende cuatro exámenes, cada uno con un costo que puede oscilar entre los $1000 y los $1500, más el tiquete de avión, pues deben realizarse de manera presencial. A esto se le suma el costo para acceder a bancos de preguntas que sirven para preparar el examen, que cuestan entre $300 y $400.

“También son muy importantes las relaciones que puedas tener aquí, porque durante el proceso necesitas cartas de recomendación. Por eso le agradezco mucho a la rectora, la doctora Helia Betancourt, porque cuando ella supo que la necesitaba, no dudó en hacérmela, al igual que el decano de la facultad, el doctor Pablo Sibaja”.

Pero Rosa tuvo que hacer un esfuerzo adicional, ya que debía conseguir tres cartas de doctores con los que hubiera trabajado en EE. UU., además de contar con horas de voluntariado o de práctica en el país. ¿Cómo hacerlo si no tenía permiso o licencia para trabajar?

Así que comenzó a trabajar como asistente de enfermeras en las casas, ayudando a los pacientes en sus actividades básicas, como el baño, la alimentación o la vestimenta.

“Unos meses después de haber llegado, logré entrar al Larkin Community Hospital (LCH), como Case Manager. Ese puesto viene siendo como un tipo de trabajadora social. Es una especie de intermediario entre el paciente y el seguro médico, los residentes y los doctores. Con esta posición, logro adentrarme en el sistema y empiezo a conocer médicos. Entonces me presento con ellos y les digo que tengo interés en ejercer la profesión en EE. UU. y que estoy dispuesta a hacer lo que tenga que hacer para lograr mis sueños”.

Rosa de Carvalho envía un caluroso saludo desde Miami a la comunidad universitaria de la San Judas: 

Rosa se dio cuenta de que todo había valido la pena aquella noche del pasado 22 de marzo, cuando después de un pesado día de trabajo, entró a la bandeja de su correo electrónico un mensaje en el que el LCH le comunicaba que habían reservado un espacio para ella en el programa de Medicina Familiar.

A partir de ese momento, el mundo es un gran estante de posibilidades para nuestra graduada. Una vez que termine la residencia, dentro de tres años, desea continuar con una subespecialidad en Medicina Femenina, lo que le permitiría regresar a su gusto por la ginecología y obstetricia que cultivó en la San Judas.

Porque, a pesar de tener siempre un ojo puesto hacia adelante, Rosa tiene la costumbre de mirar hacia atrás, y cuando lo hace no solo atisba el gozo de sus logros, sino también lo que significaron las personas que han estado con ella y que la han ayudado.

“El tiempo y el sacrificio de no dormir, de estudiar, del dinero invertido, todo eso es muy duro. Pero yo digo que a pesar de todo, si ese es su sueño, si esa es su meta… ¡No matter what! Si no es este año, será el próximo. Puede que cambie mi sueño, pero siempre debo perseguirlo y persistir. Y sea agradecido con cada persona que lo apoye, directa o indirectamente. Supérese y disfrute el camino, que vale la pena”.