Charla de Óscar Ureña en el COLPER

Comunicación Política: su encrucijada en los tiempos de la posverdad

Durante su charla, el magíster óscar Ureña disertó sobre las modernas tendencias de la comunicación política y los retos que enfrenta en la época de la posverdad y las noticias falsas.

Durante su charla, el magíster Óscar Ureña disertó sobre las modernas tendencias de la comunicación política y los retos que enfrenta en la época de la posverdad y las noticias falsas.

Por Andrey Araya Rojas

La Comunicación Política (CP) es un término que hoy anda en boca de todos en las oficinas de prensa, en los medios de comunicación y las compañías dedicadas al diseño de estrategias y estudios de marketing.

Pero ¿qué es la Comunicación Política? ¿Pará qué sirve? ¿Qué tiene que ver con las nociones de verdad y mentira? ¿Hay solo un tipo de Comunicación Política? ¿Es solo un asunto de los expertos en marketing? ¿Cómo se comunica en tiempos de verdades relativas y noticias falsas?

Estos y otros temas fueron abordados por el magíster Óscar Ureña, Coordinador Académico de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidad Federada San Judas Tadeo, durante su charla “Comunicación Política y su impacto en los procesos electorales y los gobiernos”, realizada el pasado 24 de agosto en el Colegio de Periodistas de Costa Rica (COLPER).

Durante cuatro horas, Ureña expuso las teorías más recientes sobre cómo la CP impacta en la manera en que la ciudadanía elige a un presidente, pero también en cómo se percibe un gobierno durante su gestión, un campo normalmente subestimado ante el acalorado y vertiginoso proceso de las campañas electorales.

“No tiene una única definición, porque es un término polisémico. Según Javier del Rey Morató, la comunicación política no es ni política, ni marketing, ni periodismo, ni relaciones públicas. Sin embargo, no hay política sin comunicación”, explicó Ureña, graduado de la maestría en Comunicación Política por la San Judas, quien además es miembro de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales (ALICE).

Entre la emoción y la razón

La CP electoral es muy importante en los procesos que llevan al poder a un presidente o a un alcalde, por ejemplo, pero sus detonantes en el electorado van más por el camino de la emoción que del raciocinio.

“La comunicación política electoral es sumamente emotiva, sigue la máxima de que las personas no recuerdan tanto lo que dices, sino cómo lo hiciste sentir cuando se lo dijiste. La gente no vota por el candidato más preparado e informado, con las mejores propuestas. Vota por quien lo hace sentir seguro y bien. Por ejemplo, todos recordamos el Yes, We Can, de la campaña de Barack Obama».

Uno de los aspectos que destacó Ureña es que las campañas electorales son más emocionales que racionales.

Uno de los aspectos que destacó Ureña es que las campañas electorales son más emocionales que racionales.

 

Uno de los aspectos que destacó Ureña fue la preponderancia de la figura sobre el partido. La construcción de la imagen del candidato, el cómo se proyecta su personalidad de manera pública, es más importante que el mismo partido político que representa.

Esto ha derivado en la tendencia de elevar una figura política al tiempo que se construye también un enemigo que antagoniza con el candidato. Pero este enemigo no tiene que ser necesariamente una persona. Puede ser también una ideología, un movimiento social, etc. “El enemigo es líquido: cabe en cualquier recipiente”.

Pero todos los esfuerzos invertidos en construir una imagen, en transmitir mensajes persuasivos y procurarse un enemigo digno de combatir, no sirven de nada si no se articulan con una estrategia adecuada y sin entender el contexto histórico y social en el que se está inmerso.

Después de las elecciones, ¿qué?

Si la CP electoral tiene que correr en medio de los vientos breves y vertiginosos de una campaña política, la CP gubernamental o institucional se mueve en carreras de largo aliento, en las que el capital político y la figura que con tanto ahínco se erigió, suelen ceder ante el desgaste que implica gobernar.

“La imagen construida en el proceso electoral debe mantenerse a través de todo el periodo de gobierno. El público demanda resultados. Se requiere una estrategia madre o sombrilla y estrategias para cada coyuntura. El problema más grande es que hay pocos estudios al respecto”, explicó Ureña a un público que no paraba de hacer preguntas y proponer temas de discusión.

Una de las dificultades del manejo de la CP gubernamental es que se requiere trasladar el  conocimiento experto a  los que tienen un conocimiento principiante. Es justo el punto donde naufragan muchos de los intentos de un gobierno por dar a conocer sus logros, ya que “no es lo mismo administrar bien que comunicar bien”.

Manejo de crisis y prevención

Otro de los elementos que comúnmente dejan por fuera los estrategas políticos, según explicó Ureña, es el manejo de la comunicación en situaciones de crisis y, más importante aún, la prevención de estas, para no convertir el ejercicio del poder en una máquina de apagar incendios.

«El silencio genera incertidumbre, la incertidumbre genera fantasmas y los fantasmas generan malas decisiones», recalca el experto en CP de la San Judas.

Lo que hay que comunicar al gobernado es lo que le sirve y necesita saber. Si la institución retiene toda la información, algún medio o periodista la va a encontrar. Cerrar todo el flujo de información puede ser tan contraproducente como abrirlo todo.

“Hay que tener un protocolo de manejo de crisis. Cuando creamos una estrategia para atenderla, y en la medida que la respuesta es positiva, puedo replicar esos modelos. El comunicador político coordina estas repuestas en los diferentes ámbitos que la administración requiera”.

Durante la charla, los asistentes hicieron trabajos en grupo.

Durante la charla, los asistentes hicieron trabajos en grupo.

 

Uno de los ejemplos que expuso Ureña fue el manejo del brote de la gripe H1N1 en el 2009. El presidente Óscar Arias venía saliendo de una crisis de imagen debido a su propuesta económica del plan escudo. La estrategia gubernamental apostó por destacar a la entonces ministra de Salud, María Luisa Ávila, ya que tenía una credibilidad y un capital simbólico que no se habían sometido al desgaste mediático.

“Se debe tener una estrategia madre, que sirva de sombrilla, para los cuatro años de gobierno, pero que es susceptible de adaptar. Luego, hay que tener varias estrategias coyunturales específicas. Esto va más allá del simplemente manejo de la prensa. No entiendo cómo después de ganar las elecciones, los gobiernos piensan que la CP gubernamental se limita a subir a las redes sociales todo lo bueno que se hace”.

La época de la posverdad

“Quien logra proponer y establecer mejor la interpretación de su verdad, y logra comunicarla mejor, tiene acceso al poder”, explicó Ureña, para quien es fundamental entender la evolución a través de la historia de lo que entendemos como verdad.

Desde la idea de una verdad inmanente (aleteia) y una percepción de verdad (doxa) de la filosofía clásica griega; pasando por el dogma cristiano de la verdad centrada en el conocimiento de Cristo, durante la Edad Media; arribamos al Renacimiento y a la Ilustración, épocas en las que primaba el conocimiento científico sobre la religión y las emociones.

Así es como, desde el atril de la posmodernidad, durante la segunda mitad del Siglo XIX, Nietzsche nos dice que no hay realidad, sino interpretaciones.

Esto nos lleva a Michael Foucault, con su noción de que la verdad que prevalece es la establecida a partir del poder, porque se impone o porque logra establecer de manera más efectiva su interpretación.

“El que se impone entonces es el que logra comunicar mejor. Comunicar es poder”, agregó Ureña, que en ese momento lanzó el reto a su auditorio de reflexionar sobre el papel de los comunicadores en una época en la que no existen verdades absolutas y en el que las noticias falsas se diseminan a velocidades pasmosas, principalmente por WhatsApp. “En la Comunicación Política el enemigo más grande ya no es el oponente, sino la falsedad, y nuestra responsabilidad no es solo educar el periodista, sino al ciudadano”.