Profesora Roció Solís:

“Todos nos preparamos para ser profesionales pero no para ser padres”

Por Tania Cerdas Lobo

Con un cordial saludo y una gran sonrisa me recibió la profesora Rocío Solís. Ella imparte en nuestra Universidad los  cursos de Psicología en la carrera de Medicina y también el curso de Psicología General en la carrera de Educación. Su amabilidad y simpatía tomaron mayor fuerza mientras nos ubicábamos para realizar la entrevista en la cual compartió, con mucha cordialidad, parte de su vida profesional, sus ideales, metas y logros.


Su currículo la respalda: trabajó durante 15 años como psicóloga en el Complejo Educativo Católica Activa San Judas Tadeo, luego formó un programa de escuela para padres y madres en el Ministerio de Educación Pública. Se adentró en el mundo de la investigación educativa, lo que la llevó a las oficinas de género del Ministerio de Educación, en donde fue designada como encargada de formar el primer departamento para los derechos de la niñez y adolescencia en el 2003.  

Rocío Solís  se graduó en Psicolgía en la Universidad de Costa Rica y obtuvo su título de magíster en Terapia Gestal en la Universidad Leonardo Da Vinci.

El deseo por mejorar las relaciones entre padres-madres e hijos, impulsó a la profesora Rocío a recopilar todas las publicaciones que había escrito hasta la fecha para crear un manual de fácil acceso y entendimiento que pudiera mejorar la manera en que los padres valoran a sus hijos. El resultado fue una guía con piezas claves para lograr una comunicación asertiva. Conversamos con ella, a propósito de la publicación de su texto Manual para padres y madres que quieren ser mejores, que se puede consultar en la biblioteca de nuestra Universidad:
“Este librito está pensado para que los padres y madres tengan una lectura fácil con temas enfocados a una realidad de la niñez y la adolescencia actual”, comentó.
¿Por qué un manual? ¿Intenta solo ser una guía general?
Porque es breve y fácil de leer para los padres de familia. Sí, es tan solo una guía general. Este libro le muestra a los padres la problemática del momento y las posibles soluciones. Además de plasmar mi mirada como profesional, me interesó mucho mostrar la de madre. No es lo mismo que un profesional me diga cómo criar a mis hijos a que me lo diga un igual que me puede ayudar de mejor manera.
¿Cuál es la utilidad del libro para los padres? ¿Cuál para los profesores?
Yo trabajo día a día con niños y jóvenes, por eso estoy muy al tanto de lo que ellos piensan, sienten. Decidí crear un manual para expresarles eso a los padres. A los profesores, quienes trabajan con niños y jóvenes día a día, les permite conocer una serie de características y  problemáticas que ellos viven y que, en ocasiones, por el diario vivir, se les va de las manos al enfocarse tan solo en lo académico.
¿Sirve este manual para hacer mejores padres?
Es una guía. Les puede ayudar para saber que hay chicos con ciertas características y que ellos pueden ayudar y estimular a sus hijos.
¿Cuáles son las principales fuentes manejadas por usted?
Los mismo jóvenes, la problemática que ellos presentan, los problemas que llegan a mi oficina diariamente. Además de investigaciones sobre temas puntuales como el asperger, el matonismo, el embarazo adolescente, la diversidad de subculturas entre los jóvenes como  emos, metaleros, entre otros; los tipos de padres de familia: padres responsables, irresponsables, autoritarios, sobreprotectores. Son muchas las fuentes empíricas y algunas teóricas.
¿Cuál es la contribución de este manual a los estudiantes de educación de nuestra Universidad?
A ellos les va servir muchísimo porque es posible que vayan a enfrentarse en las aulas con niños con alguna necesidad especial, así como a los diferentes tipos de padres, a las subculturas juveniles, embarazos adolescentes, entre otros. Los temas que se abordan en este manual les va ayudar a tener un conocimiento más claro y sobre todo un manejo más fácil de lo que enfrentarán.
Con respecto a las cifras citadas en su manual sobre los embarazos en adolescentes en el periodo 2002-2003, ¿cómo ve el panorama actual de esta problemática y la necesidad de un cambio en la educación sexual en escuelas y colegios?
El número ha aumentado, es mucho mayor. La parte de la prevención de embarazos y la educación sexual son temas que debemos trabajar tanto padres como docentes. La sexualidad tiene que estar basada en la autoestima de los jóvenes. El hecho de embarazarse es una conducta que la joven no prevé porque ellos piensan que no les va suceder: ese es el pensamiento mágico que se tiene en esa etapa. Hay que trabajar mucho en el respeto a mi cuerpo y al de los demás.
También usted menciona que desde la niñez se desarrollan conductas sociales mediante juegos. ¿Cómo funciona este planteamiento en la era digital en la que nos encontramos, cuando los aparatos electrónicos han remplazados en la mayoría los juegos tradicionales?
Es igual, ese planteamiento no queda fuera porque la parte digital nunca suplantará al juego manual cuando el chico tiene que desarrollar una serie de destrezas que no se dan con el juego cibernético. Tiene que salir, correr, brincar, gritar y no solo estar sentado en el play station porque le faltaría todo el contexto social de ese “tú a tú” que no es lo mismo que estar detrás de una pantalla.
¿Cuál es el principal factor para lograr esa tolerancia y respeto entre la figura paterna-materna y los hijos sin caer en la manipulación?
La comunicación. Debemos hablar con los hijos, pero más importante aun: debemos escuchar, dejar que el chico hable libremente sin venir un regaño detrás de cada palabra que ellos dicen. Es una comunicación en la cual la escucha debe ser muy atenta.
¿Qué les recomienda a los estudiantes de educación de nuestra Universidad, para afrontar el asunto del matonismo y el abuso en escuelas y colegios?
Cero tolerancia a cualquier tipo de agresión y tener muy claras la diferencias entre un conflicto netamente escolar y el acoso que conlleva una serie de características. Cuando un estudiante llegue a comentarles que sufren de matonismo, deben tomarse el tiempo de escucharlo y no desvalorizar lo que diga en ese momento, con el fin de ayudarlos para detener el abuso.