Proyección social de nuestra U

Inauguración de Casa de Socorro en Rincón Grande de Pavas

Crónica de Óscar Ureña García

Pareciera que los marginados son invisibles. No los vemos. No porque ellos constituyan una realidad que no se ve, sino porque muchos no quieren verlos. Por eso están en la periferia, en las estadísticas, en los bajillos, en los lugares donde el resto de la sociedad puede, tranquilamente, dejar de verlos, ignorarlos. La Universidad Federada San Judas Tadeo, junto con las Hermanas Misioneras Scalabrinianas y el Ministerio Mateo Talbot, decidieron ir a su encuentro y crear la Casa de Socorro el Buen Samaritano en Rincón Grande de Pavas, una casa para ofrecer los servicios de ayuda a inmigrantes, tratamiento ambulatorio para adictos y atención médica primaria. Todo de manera gratuita para brindarle un aporte a esta comunidad en riesgo social.


“Esta casa es un bien para la zona”, dijo el padre, mientras hablaba de la importancia de la comunidad en misa. Se movía de manera enérgica y era obvio que quería dejar un mensaje. La iglesia Sagrada Familia estaba llena. A las afueras había gente de pie y, entre ellos, me encontraba yo. Me sentía envuelto por el aroma del incienso, mi frente estaba empapada por el líquido del calor. El padre Luis Alberto Sánchez, vicario parroquial, hablaba de la trinidad: padre, hijo y espíritu santo. Todos uno mismo. Comparó a la trinidad con la unión que han realizado las Hermanas Misioneras Scalabrinianas, el Ministerio Mateo Talbot y nuestra Universidad, para crear este centro de ayuda. Tres instituciones, un mismo objetivo.

 

“Cuando termine la misa, vamos a ir caminando hasta la Casa de Socorro para que todos la conozcan, se enteren de los servicios que se ofrecerán y, también, celebremos juntos este aporte”. La gente se veía emocionada. La misa estaba por terminar, la cimarrona y las mascaradas estaban a las afueras de la iglesia, esperando para iniciar la fiesta. Los niños miraban constantemente hacia las puertas. Había una emoción contenida por la devoción.

¿Zona de riesgo social? Según un estudio elaborado por la Oficina de Desarrollo Social de la Municipalidad de San José, con datos del Estado de la Nación y del Centro Centroamericano de Población, estima que en los sectores de Rincón Grande, Lomas y Metrópolis, hay 19 mil viviendas y, en 2 mil de ellas, se vive en hacinamiento (más de tres personas por dormitorio) y otras 6 mil son tugurios. Además, se considera que la pobreza, la desnutrición, la contaminación y las drogas son los males que sufre esta población.

Hermana Albertina Pauletti, misionera 
Scalabriniana.

Unos días antes de este domingo, el jueves 23 de mayo, pude conocer la Casa de Socorro. Cuando llegué aún estaban pintando los bordes de algunas paredes. Se estaba colocando el rótulo y detalles en el jardín. Pude ver la rampa para discapacitados que construyó nuestra Universidad y las oficinas listas. Ahí conocí a la hermana Albertina Pauletti, una monja de piel blanca y ojos claros, con una calidad humana gigante. Tiene más de 30 años de ayudar a los inmigrantes en su natal Brasil, Republica Dominicana y Costa Rica. Se nota que disfruta lo que hace. “Nuestra labor se centra en la ayuda y asesoría a las personas inmigrantes, para que puedan legalizar su estatus. Muchos de ellos ignoran cómo proceder, incluso algunos han sido estafados, entonces nosotros les brindamos asesoría de manera gratuita. Con esta casa, ya tendremos una oficina fija para atenderlos y también ayudar a las mujeres para que se integren mejor en la comunidad”, me dijo, mientras se limpiaba las manos llenas de pintura.

Una investigación de la organización Existimos, tenemos voz, reveló que la población migrante en estas comunidades se encuentra en condiciones de vulnerabilidad debido a que enfrentan situaciones de discriminación, no conocen sus derechos, tienen miedo de ser deportados y sufren condiciones laborales de irrespeto a los derechos humanos y laborales. Esto se manifiesta tanto en salarios por debajo de los mínimos de ley, como en la falta de seguro médico.

 

“Podéis ir en paz”… “demos gracias al Señor”, dichas esas palabras, la procesión y la fanfarria comenzaron. La música de las trompetas y los tambores era adornada por los bailes de las mascaradas. La gente que salía de la iglesia y caminaba por la calle principal de Lomas, hacia la Casa de Socorro. Los niños disfrutaban de las mascaradas. La gente caminaba moviendo los hombros al ritmo de la cimarrona. Los vecinos que no asistieron a misa salieron a las aceras para mirar el pasa calle, algunos se unieron. Era una fiesta total.

Álvaro Camacho, dirigente del 
Ministerio Mateo Talbot.

Luego de hablar con la hermana Albertina, conocí a Álvaro Camacho, dirigente del Ministerio Mateo Talbot. Álvaro es vecino de la zona, todos lo conocen y han visto su transformación. Estreché su mano y se presentó como un adicto en recuperación, aunque tiene años de haber dejado el alcohol y las drogas. “Yo era un adicto y vivía en estas calles”, me dijo. Le pregunté sobre el ministerio: “Mateo Talbot era un hombre alcohólico que vivió a inicios del silgo XX en Alemania. Un día, con mucho carácter, decidió dejar el licor y empezó a ayudar a todos las personas que padecían este vicio. Eso mismo hacemos nosotros, le damos ayuda ambulatoria a los adictos: comida, ropa, un lugar dónde asearse y la opción de llevarlos a desintoxicar a un centro”. Álvaro trabaja, tiene un horario como cualquiera, pero al salir de su labor, inicia su trabajo de rescatar a los adictos. “Esto se hace por ayudar, nada más”.


La música continuaba, la gente caminaba y bailaba por la calle principal. Las mascaradas jugaban con los niños. Incluso el sacerdote levantaba sus manos y se movía al son de las trompetas. La celebración era enorme y las personas reflejaban una sonrisa en sus rostros mientras nos acercábamos a la Casa de Socorro. A las afueras se podían ver unos toldos, se podía oler la comida. Muchas de las mujeres que han sido ayudadas por las monjas scalabrinianas se encontraban vendiendo tamales, vigirón y otras comidas, para recaudar fondos y donarlos a esta casa. “Son mujeres de aquí, de la zona, que quieren ayudar y ayudarse”, me dirá después la hermana Albertina.

Al llegar, con micrófono en mano y la comunidad atenta, el padre insistió que este centro es un ejemplo de amor al prójimo. Hizo una rápida oración y luego, con agua bendita, roció el lugar para bendecirlo e inaugurarlo oficialmente. Los aplausos se elevaron y la música de la cimarrona regresó.

 

Padre Luis Alberto Sánchez, en el momento de bendecir la Casa de Socorro.

Las drogas también son un problema constante. Existen dos grupos de crimen organizado que batallan por territorios para vender sus productos. La Policía de Control de Drogas presume que se venden más de 500 mil colones al día solo en la zona. Además, se han encontrado ventas de licor clandestino. No obstante, los ciudadanos no denuncian estos delitos por temor a represalias.

 


 

Rafael Arias, director de la 
Municipalidad de San José.

Luego de la bendición, se dio paso a las palabras de cada uno de los representantes de las diferentes instituciones que aportaron para la creación de esta Casa. Entre ellos, habló Rafael Arias, asistente del alcalde y director de la Municipal de San José, quien ayudó mucho para que se alcanzara este logro. “Apoyamos toda la ayuda que están dando a esta zona tan necesitada. Lo que ha hecho la Universidad San Judas Tadeo, las hermanas y el ministerio Mateo Talbot, es admirable. Este centro ayudará a unas 20 mil personas. Por esa razón donamos el servicio de alarma y respuesta policial para el cuidado de esta casa, además del embellecimiento del jardín”, expresó a la comunidad. 

Según el mismo informe de la Oficina de Desarrollo Social de la Municipalidad de San José, en Pavas existen alrededor de 17 precarios, en los que hay 5 mil hogares en la pobreza y otros 3 mil en la pobreza extrema. A los problemas de pobreza y hacinamiento  se  suman los de salud. El mal manejo de los desechos no solo contamina todo el ambiente de la ciudad, sino que, en primer lugar, los contamina a ellos y genera brotes de enfermedades.

 

Luego de las palabras y de algunas presentaciones culturales, los estudiantes avanzados de medicina, junto con profesores de nuestra Universidad, ofrecieron consultas de atención primaria bajo un toldo. Decenas de personas se hicieron exámenes de glicemia, de presión y realizaron consultas generales. Me daré cuenta, luego, que en los primeros dos días de funcionar la casa, más de 50 personas asistirán a realizarse chequeos médicos y se diagnosticarán muchos diabéticos e hipertensos que lo ignoraban. Todos fueron asesorados para empezar a tratar su enfermedad.

 


A la derecha, Helia Betancour, rectora de la Universidad
San Judas, junto con estudiantes de medicina.

Mientras miraba a los estudiantes y profesores atender a las personas, conversé con la rectora de la Universidad San Judas, Helia Betancourt, quien, junto con las demás autoridades académicas, se empeñó por crear este centro y ayudar, de manera gratuita, a los vecinos. “La Universidad tiene en su plan de estudio de medicina, la atención primaria, que consiste en prevenir antes de curar. Además, tiene un enfoque de ayuda comunitaria muy grande. La zona de Rincón Grande de Pavas ha sido nuestra área de ayuda social desde hace más de dos año. Con esta casa vamos a establecernos para brindar, de manera fija, atención médica primaria. Nuestros estudiantes más avanzados, junto con dos médicos fijos de nuestra institución, darán este servicio. Además, realizaremos un proyecto de atención ambiental para ayudar a la comunidad a mejorar las condiciones de su entorno. Esta Casa significa el establecimiento de la Universidad en la zona para desarrollar muchos proyectos más”, concluyó.