Profesora Emilia Montero:

“Un educador tiene que trasmitir pasión”
Entrevista de Carolyn Mora Hernández, 
periodista egresada de nuestra Universidad y estudiante de la carrera de Educación.

Dulce, accesible, cercana; así podrían describirte tus alumnas. Las he visto pasar fuera del aula, todo el tiempo, diciéndote adiós con la mano. Tienes una mirada que penetra en lo más profundo de las personas. Una mirada apacible, pero, sin duda, analítica. Sabes cuando una alumna llega cargada de problemas o cuando vive su mejor día. Basta con que las mires. Son años de experiencia.

Cuando nos conocimos, por primera vez, en una clase de Literatura Infantil, me preguntaste: ¿Qué aportas al lugar en donde estás? Me quedé pensando por varios segundos y respondí: “Perseverancia”. Desde ahí supe que para ti no era esencial cuan avanzadas, académicamente, estaban tus alumnas. Preferías saber si ellas se conocían a sí mismas como personas. Respondiste que lo que aportabas a tu lugar de trabajo era pasión. No lo dudo, es la cualidad esencial de un educador.

Llegaste una hora antes de la clase de Literatura Infantil para atenderme, para entrevistarte conmigo. Venías cargada de materiales para trabajar y tareas de tus alumnas ya calificadas. Extrañas impartir lecciones en la escuela, pero en el Departamento de Asesoría, Orientación y Apoyo te sientes contenta. Puedes ayudar y motivar a todos los niños de diversos niveles. Los motivas con la idea de que sí pueden y te ha funcionado bien. Tus logros han sido muchos; como dices, sólo te faltó dar clases en el colegio. Trabajaste en el Jardín de la Infancia Católico durante 25 años como educadora y 5 como directora.

“Pensé que iba a ser psicóloga o psiquiatra, porque me gusta tratar con las personas. No obstante, cuando era adolescente, una primita nació con Síndrome de Down y eso marcó mi vida. Dije que quería ayudarla a ella y a todos los niños que estuvieran en esa condición”, reflexionaste.

Desde la juventud temprana sabías cuál sería tu camino. Tu preocupación por los demás te enrumbó: decidiste inclinarte por la educación. Tu pasión por enseñar te catapultó de las aulas de los jardines de niños a las aulas de las universidades. Desde que estudiabas en la Universidad de Costa Rica tuviste la oportunidad de ser asistente de una profesora. Aprenderías mucho de un gran referente de la educación costarricense: Nora de Chacón, una de las fundadoras de la Clínica de Problemas de Aprendizaje, especialista en esta rama y fundadora de la carrera de Educación de nuestra Universidad.

-¿Cómo marcó su vida profesional el trabajar al lado de doña Nora de Chacón?, te pregunté.

“Mucha de la pasión se la debo a ella. Es mi mentora. Ella compartía lo que sabía. No se guardaba nada. Aprendí a dar, aprendí que ser maestro es transmitir. Luego, trabajé seis meses en la Clínica de Problemas de Aprendizaje junto con Fanny Chacón. Fue muy enriquecedor”.

Llegaste a ser, por tu experiencia, profesora de  la Universidad San Judas Tadeo en 1996. Te convertiste, así, en una egresada más de nuestra U que se convertiría en docente. “Cursé la Licenciatura con énfasis en Atención a  las Necesidades Educativas Especiales del niño en el aula, aquí en la San Judas”, me dijiste. Tu experiencia te llevó a impartir, hasta la fecha, varias clases de la Facultad de Educación: Literatura Infantil, Lectoescritura I y II.

También, estuviste un tiempo como supervisora de las estudiantes que realizan la práctica profesional. Incluso, junto con Rocío de Herrera, realizaste la tabla para supervisar a las practicantes de educación de nuestra Universidad. El documento contempla desde presentación personal, voz, trato con los niños, metodología, entre otros rubros.

Tu último logro lo conseguiste en el 2007, con 57 años, cuando te graduaste con honores de la Licenciatura en Educación Especial con énfasis en Necesidades Educativas Especiales en la UCR. “Mi pasión no es sólo enseñar, sino también aprender”, señalaste.

La profesora Emilia Montero y la periodista Carrolyn Mora en la clase de
Literatura Infantil.

“Ser maestro es una realización porque uno toca la vida de las personas. Por ejemplo, una vez tuve una alumna en la escuela que no podía recortar bien, ni pintar, ni nada… no había ido al kínder y ya estaba en primer grado. Cuando me la enviaron al departamento, la persuadí de que sus manos eran mágicas y que podían hacerlo todo. Al tiempo, la niña comenzó a superarse hasta que, a final de año, terminó siendo de las mejores. Un maestro tiene que trasmitir su pasión para que los niños logren encaminarse hacia la realización”.


-¿Cuál es la “semillita” que le aportas a tus estudiantes?, te dije, mientras conversábamos en el aula 9 antes de que llegara el grupo de Literatura Infantil.

“Que deben tener pasión por lo que hacen y compromiso. Siempre que comienza un cuatrimestre les hago la pregunta de qué es lo que aportan a la institución en donde están. Yo siempre respondo “pasión”. Soy apasionada y busco transmitir eso.”

Dices que tu segundo nombre es Práctica. Tu función es aterrizar la teoría al trabajo en clase; procesar la información. Veré más a delante en tu clase a tus alumnas trabajar con estereofón para hacer títeres de dedo. Explicarás las utilidades y el objetivo. Me daré cuenta que tu clase es interactiva y muy didáctica. “Un maestro debe formar. Lograr que cada estudiante descubra su propia luz. Que un estudiante descubre cuáles son sus inteligencias: las que tiene como fortalezas y las que tiene que reforzar más. Es guiar para que descubran eso”.

-¿Qué ha significado trabajar en la Universidad San Judas Tadeo todos estos años?

Me dijiste llena de alegría con un brillo en tus ojos: “El entusiasmo que ustedes, mis estudiantes, me transmiten, me nutre y me da vida. Cuando me pensione, deseo seguir acá, quizá como supervisora de practicantes”.
Entraron dos alumnas al aula. Vi la hora: las 3:30 p.m. de un martes cualquiera. Apagué la grabadora. Llevé mi pupitre hacia la parte de atrás del aula. Saqué mi cuaderno y me dispuse a recibir la clase de Literatura Infantil, porque este cuatrimestre, yo soy una de tus estudiantes, doña Emilia.