Ayúdenos a ayudar

Trabajo por Juan Manuel Azofeifa Olivares

«Las jóvenes embarazadas no son el único perfil de paciente que atiende el consultorio; se atiende cualquier tipo de paciente, desde recién nacido o prenatal, hasta adultos mayores, pero lo que más llegan son jóvenes drogadictos. A veces llegan con hipertensión, padecimientos cardíacos; diabetes, por el abuso de las drogas; problemas pancreáticos por el alcohol…hay pacientes con cirrosis hepática también»
Eso me explica la doctora Milagros González, docente en el Colegio Universitario San Judas Tadeo, quien se encarga de la atención médica gratuita en el consultorio de atención primaria en salud en la Casa de Socorro ‘El Buen Samaritano’, ubicada en Rincón Grande de Pavas.
El consultorio médico es el aporte de nuestra universidad a este centro de asistencia social, en el cual, desde hace seis meses, trabajan conjuntamente las misioneras scalabrinianas, que prestan ayuda jurídica a los migrantes indocumentados, y el Ministerio Mateo Talbot, en favor de los drogadictos que desean salir de sus adicciones.
Esta combinación tripartita ofrece a los vecinos de Lomas del Río, en Pavas, una plataforma invaluable de ayuda gratuita, pero, para seguir funcionando con éxito, como hasta el momento se ha hecho, la Casa de Socorro necesita ayuda; es decir, necesita ayuda para seguir ayudando.
Ayudar a madres solteras, adolescentes embarazadas, adultos mayores, niños desnutridos, drogadictos que buscan desintoxicarse pero se mantienen “limpios” solo por unos cuantos días, seguirá siendo la razón de ser de este centro que necesita la mano de quienes más tienen, para ofrecerle ayuda a quienes menos tienen.
La misionera scalabriniana Albertina Pauletti (izquierda) 
se reunió con una representante del Club de Leones 
de Rohrmoser, para preparar una entrega de regalos 
de Navidad el próximo viernes 13 de diciembre.

Una comunidad donde habitan costarricenses y extranjeros indocumentados que diariamente conviven con el temor de ser deportados, y muchas veces dejan sus problemas de salud y sus necesidades de atención médica en un segundo plano, por miedo.

“Otra joven embarazada no volvió a consulta médica porque le dije que era importante que fuera al hospital aunque no tuviera papeles, pero ella dijo que no porque la iban a deportar”.
“Todos los casos que llegan son igual de importantes para nosotros. Lo que tratamos de hacer es ayudar a la comunidad, a las familias de los drogadictos, para que puedan seguir adelante…queremos verlos salir adelante y que no se hundan con ellos porque, al final del día, lo que estamos tratando es que mejore su situación”.
Los casos más graves son los que más valoran y agradecen la existencia de este centro de ayuda. Uno de esos es el de un paciente que llegó un día reportando solo un dolor abdominal. Reconoció que el día anterior se había drogado, como lo hacía todos los días.
“Era un paciente que había que llevarlo inmediatamente al hospital para que lo internaran porque hasta vomitaba sangre. Lo revisamos, le hicimos todo el examen físico, una historia clínica muy completa y nos dimos cuenta que tenía una pancreatitis. Uno de esos casos que realmente preocupan”.
Tras 6 meses de funcionamiento de la Casa, la doctora califica el trabajo realizado como “un gran éxito, para quienes de verdad quieren y valoran recibir la ayuda”. “Se han entregado muchos medicamentos, mucha educación y prevención de la salud; se ha logrado acelerar el proceso de mejora en las familias de los drogadictos”.
Inmediatamente pienso en los niños que son hijos de drogadictos. Parece que la doctora me lee la mente, porque inmediatamente agrega: “Hay pacientes drogadictos que tienen familia, 3 o 4 hijos…
Me pregunto: ¿cómo harán?
Lo siguiente que escucho no ayuda a responder mi pregunta: “A veces no tienen trabajo, no tienen dinero para comer o para pagar una vivienda…viven hasta 6 o 7 personas en un ranchito.
Estos son los casos más necesitados, pero lastimosamente nunca es fácil conseguir ayuda para otras personas. “La ayuda es lenta, es muy poca…entonces trabajamos con lo poco que tenemos”, agrega la doctora.
Y las necesidades crecen constantemente porque “los pacientes, cuando están con el médico, se sienten seguros, protegidos. Le cuentan a los demás y traen  a sus familias, a sus amigos, a sus vecinos”.
Para atenderlos satisfactoriamente hace falta más que ayudas económicas. Por eso el llamado a psicólogos, abogados, fisioterapeutas y muchos otros profesionales, para que se sumen a la causa.
Las ayudas para mejorar la atención en la Casa 
de Socorro ‘El Buen Samaritano’ empezaron 
a llegar desde el pasado 15 de noviembre.

“Hay mucha gente que nos puede ayudar con formación, atención, prevención y educación para los pacientes y sus familias. Queremos que las personas que viven en condiciones a veces precarias puedan salir adelante, aunque sea con un poco de información y educación. Sabemos que son pacientes que pueden salir adelante, pero es difícil si no reciben ayuda”.

Como explica la doctora, muchos de los pacientes de este consultorio comunitario “viven en un entorno grave, muy problemático, de drogas, de alcohol, de abuso sexual, psicológico. Ambientes muy tensos, que no ayudan a la recuperación de sus problemas de salud”.
Los menores de edad representan una preocupación especial porque muchos de ellos viven bajo condiciones de abuso de parte de quienes les cuidan. Hay casos de problemas psicológicos por abuso sexual, físico u emocional.
“¿Golpea anímicamente ver chiquitos en esas condiciones?”, le pregunto.
Responde con un enfático “claro que sí”. Agrega: “Hay niños que están desnutridos, que tal vez han sufrido mucho abuso psicológico y físico, y entonces le tienen mucho miedo a quienes se les acercan, incluso a los médicos”.
Pero su entereza profesional, esa que trata de heredar a sus estudiantes en las aulas, impulsa a cualquiera: “Cuando uno los ve en esas condiciones tan pobres, tan abusados física y emocionalmente, definitivamente golpea, pero dan ganas de ayudar, aunque sea con las uñas”.
¡En la universidad San Judas Tadeo estamos esperando por su ayuda!