La formación del maestro y la atención de las Necesidades Educativas Especiales en una escuela para todos

Ensayo de María López González, tomado de la revista Tendencias pedagógicas
El tema de la preparación del profesorado de educación ordinaria en materia de educación especial, hasta época muy reciente, ha estado fuera del interés de profesionales e instituciones de formación del profesorado, por considerarse que la educación de niños con discapacidades caía fuera de las competencias del profesor ordinario, siendo un aspecto restringido a un limi­tado número de especialistas (en Pedagogía Terapéutica o en Audición y Lenguaje), que se ocuparían de administrar una enseñanza específica median­te un sistema educativo paralelo y al margen del ordinario.
Pero, la corriente internacional de normalización e integración se hizo sentir a finales de los setenta y en los ochenta comenzó a experimentarse la integración escolar, hecho que puso de relieve la necesidad de preparación del profesorado de enseñanza ordinaria en ma­teria de Educación Especial. 
Se puede entender que la integración representa tanto un proyecto de re­forma, ya que tiende a modificar metas y aspectos generales de la educación, como un proyecto de innovación, que implica cambios concretos en la organi­zación y en la forma de proceder en el trabajo escolar. Así lo entienden, entre otros, Parrilla (1992), Hegarty y otros (1988), López Melero (1990, 1995), Balbás (1994, 1995), Puigdellívol (1993), Sánchez Asín (1993), Fortes (1994).
En efecto, como advierte Marchesi (1995):
Muchos de los cambios e innovaciones que se han producido en los distintos sistemas educativos proceden de la reflexión, ideas y modelos de aplicación nacidos en el ámbito de la educación especial. La educación para niños con necesidades educativas especiales exige una mayor conciencia de las diferencias individuales y una mayor utilización de todas sus posibilidades. La educación ha de ser personalizada, acorde con los ritmos de cada alumno y basada en la cooperación entre los distintos profesionales interesados. Asimismo requiere un contacto regular con los padres. Estas son las condiciones idóneas para lograr una educación de calidad para todos los alumnos. Por consiguiente, es comprensible que cuando la escuela ordinaria trata de integrar a niños con necesidades especiales, tenga que plan­tearse al mismo tiempo un cambio en la prestación de educación a todos sus alumnos. Este cambio o reforma debe partir de los princi­pios en que se fundamenta la educación especial” (pp. 207, 208). 
También López Melero (1995, p. 26) insiste en que es preciso superar el malentendido que existe en el pensamiento de los profesionales, al considerar el programa de integración escolar como una reforma de la educación espe­cial, y no de la educación general, que es de lo que se trata.
En estos cambios la figura del profesor juega un papel de gran relevancia. Así los trabajos realizados durante la etapa de experimentación de la integra­ción (y aún en la actualidad) ponían de relieve la necesidad de formación en Educación Especial por parte del profesorado, y en general de todo el personal escolar. Las actitudes de reticencia y oposición mostradas por los distintos miembros de la comunidad educativa (maestros, directivos, incluso padres, compañeros, etc., se justifican en relación con las insuficientes condiciones de los centros educativos y con la falta de preparación y de apoyo profesional (López González, 1989; Sáenz Barrio, 1990).
La simple ubicación del niño con necesidades educativas especiales en un aula ordinaria no es una respuesta a la integración. Se hace necesaria la re­orientación en la preparación de los profesores para que puedan utilizar técnicas alternativas y, sobre todo, para ver la clase desde el enfoque de la diversidad y no desde la tradicional homogeneidad (Balbás, 1994)
Para ser profesionales cualificados no basta sólo una disposición favorable para aceptar la integración, significa, entre otras cosas: saber diagnosticar la situación del aula, incluyendo el ritmo y estilo de aprendizaje de cada alumno y las características del proceso de aprendizaje; tener conocimientos sobre el diseño y la planificación de la enseñanza y, al mismo tiempo, saber incorporar las demandas del niño diferente y de sus familiares, sin olvidar que en el ámbito del aula se ha de procurar el equilibrio entre la comprensión de todos los niños y la atención a las diferencias individuales.
En consecuencia, la formación del profesorado tendrá que considerar las necesidades que plantea este nuevo modelo educativo, e introducir los con­siguientes cambios en su currículum formativo.
Necesidades de formación del profesor en el nuevo modelo educativo
La formación inicial del profesor representa sólo el comienzo de un pro­ceso formativo que ha de extenderse a lo largo de su vida profesional. Pero, en este continuum, la formación inicial cobra particular importancia por su primacía y sentar las bases necesarias para el ejercicio profesional posterior.
Teniendo en cuenta esta vinculación entre formación inicial y permanente y la conveniencia de una formación orientada a la reflexión en la práctica, nos referimos ahora a los contenidos que deben contemplarse en la formación de todo profesor cuando se asume un modelo de escuela abierta a la diversidad, que debe dar respuesta a las necesidades de todos los alumnos.
Los trabajos de revisión y meta análisis de investigaciones y estudios so­bre formación del profesorado en el área de Educación Especial (Parrilla, 1992; Monereo, 1985; León, 1991; Balbás, 1994) ponen de relieve que se sigue considerando imprescindible la formación específica del profesorado y personal especialista en Educa­ción Especial (cambiando también el tipo y contenido de su formación, al variar sus funciones que comprenderán, además de la atención directa en determinados casos y programas, el asesoramiento, apoyo y colaboración con el personal no especialista de los centros educativos). Pero particular­mente se destaca lo esencial de una formación inicial que prepare al profe­sorado «generalista» para dar respuesta satisfactoria a las demandas educa­tivas que presentan los niños con necesidades especiales en las escuelas ordinarias.
Sin desconsiderar la necesidad de formación del profesorado en ejercicio, ante las nuevas demandas que la integración plantea, se ve hoy como exigen­cia contemplar la preparación básica en Educación Especial en todos los planes conducentes a titulaciones de profesorado, y de todos los niveles edu­cativos, no sólo de las etapas Infantil y Primaria.
En la literatura sobre el tema, derivada de la investigación realizada, desde finales de los años setenta y sobre todo en las décadas de los ochenta y noventa, sobre necesidades formativas en relación con la integración se han presentado múltiples propuestas de contenidos a incluir en la formación del profesorado ordinario en relación al campo de las necesidades educativas especiales.
En el «Informe Warnock» (1978) se proponen como contenidos básicos a incluir en los programas de formación inicial los siguientes: conocimientos sobre educación especial en general y para familiarizarse con las distintas formas de provisión de servicios de apoyo y orientación, especialmente saber cuándo y dónde dirigirse para pedir ayuda. Conocimientos específicos y destrezas referidas a la observación del aprendizaje y la conducta de los niños; conciencia de las variables que afectan al desarrollo y progreso educativo; detección de necesidades de niños con dificultades físicas, sensoriales, de conducta y de aprendizaje; apreciación del papel de los padres; comprensión y conocimiento práctico de los pasos que pueden darse a través de la modifica­ción de la organización de la escuela y la clase, el curriculum y los métodos de enseñanza.
El tema de la preparación de los docentes ha sido centro de atención de diversos congresos y reuniones de trabajo, ofreciendo también diversas propuestas acerca de la formación de todo maestro en Educación Especial. Entre otras, figuran las presentadas por García García (1986), Ro­sales (1987), Molina (1987b), López Melero (1990), Gómez Torres (1991), León (1991), Balbás (1994).
Queremos destacar, como advierten numerosos autores, que la prepara­ción de los profesionales de la educación no consiste exclusivamente en la adquisición de contenidos de tipo conceptual o procedimental (estrategias, técnicas), siendo fundamental el desarrollo de actitudes adecuadas para la aceptación y la atención educativa de la diversidad del alumnado en una escuela común. Además, muchas de las competencias que se señalan como fundamentales para atender adecuadamente a los niños con necesidades espe­ciales benefician en general a todos los niños, cumpliendo así una función preventiva y de desarrollo, lo que sería de esperar por parte de todo buen profesional.
Fuente: www.tendenciaspedagogicas.com/Articulos/1997_03_05.pdf