De las aulas de la San Judas, al ejercicio de la medicina

Por Andrey Araya Rojas, estudiante de la licenciatura en Comunicación de Masas.

Jose Roberto Centeno nació antes de que el calendario le diera permiso. Venir al mundo prematuramente hizo que el actual doctor sintiera como suyo el correr urgido de las enfermeras, el batir rumoroso de la gabachas blancas y las hipodérmicas penetrando la piel de los pacientes.

“Conforme pasaban los años de citas de control, observaba el actuar del personal de salud. Siempre dije que quería ser como esas buenas personas que extendían la mano al enfermo sin recibir nada a cambio, y, además, quería retribuir en el futuro esa atención que me otorgó la Caja en esos momentos difíciles de mi infancia… Gracias a Dios, a mi familia y al personal universitario, he cumplido una de las tantas metas propuestas: ser médico y laborar en la mejor institución del país”, relata Centeno, con el adjetivo de médico pegado al apellido desde marzo de este año.

Dos años antes de Centeno, Melissa Suárez también cumplía su sueño de ser doctora. Empezó a estudiar medicina en la UNIBE en el 2004, pero por motivos económicos tuvo que dejarla. La San Judas Tadeo fue la única universidad que le reconoció las materias, facilitando así aquella meta que se fijara desde muy joven: “ser una excelente doctora.”

Estos egresados de nuestra universidad ahora forman parte de los casi 45 mil empleados de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Su aporte es fundamental en una institución que cuenta con apenas 12 médicos por cada 10 mil habitantes, según estadísticas oficiales de la entidad, sobre todo en las zonas rurales donde les ha tocado desempeñarse.

Pero la CCSS y los consultorios privados no son los únicos lugares en los que un médico puede realizase profesionalmente.

Ileana Roverssi recién se graduó a inicios de este año y ya logró colocarse en el Ministerio de Salud. “Estoy en la Dirección de Regulación de Productos de Interés Sanitario, en el Centro Nacional de Farmacovigilancia. Nos encargamos, por decirlo así, de las sospechas de reacciones adversas a medicamentos. Una sale con la idea de trabajar en un hospital, sin embargo esta es una rama de la medicina que me ha encantado, a pesar de que nunca pensé estar aquí”, explica Roverssi.

La preparación académica que recibió esta joven doctora fue fundamental para pasar la prueba que le abriría las puertas del Ministerio de Salud.

“Ingresé a trabajar aquí hace unos 8 meses. Por un pedido especial del Ministerio se contrataron aproximadamente 16 farmacéuticos, muchos nutricionistas y algunos otros médicos que realizamos todo el proceso, y logramos entrar por la calificación del examen de Servicio Civil.”

Alejarse del hogar para cumplir un sueño

Estos éxitos no llegan fácilmente. Para dos de nuestros doctores, por ejemplo, el camino trazado hasta ahora los ha obligado a alejarse de sus familias, de sus barrios y amigos, de esos lugares comunes de la crianza.

La doctora Melissa Suárez coordina actualmente

18 EBAIS en el distrito Guápiles.

Melissa  Suárez lo entiende muy bien. Hasta el año de su graduación, en el 2011, había sido una citadina por los cuatro costados. Pasó del terruño de su querido Heredia a ser residente a plazo fijo de San Antonio de Guápiles, lugar que ni siquiera conocía.

Su viaje a este cantón limonense fue producto, literalmente, de la rifa de la vida.

“Hice mi servicio social entre el 2011 y el 2012. De 60 que quedaban rifaron 40 plazas. Si te quedás participando la CCSS te da la opción, pero tenés que ir al lugar donde te asignen.”

Así que Suárez tuvo que quedarse a vivir en Guápiles para cumplir con su labor en el Área de Salud, donde coordina el funcionamiento de 18 EBAIS que atienden a una población de aproximadamente 5 mil personas.

“He ganado mucha experiencia y humildad. Ser jefe es muy duro, porque ya no sos una chiquita. Pero a pesar de todo es muy bonito. Además, he evolucionado bastante bien. Una va surgiendo; lo notás cuando tus pacientes ya te conocen y vas al supermercado y te dicen “hola, doctora”. Si uno fuera un mal médico no recibiría ese cariño de la gente. Otra muestra es la evaluación anual de desempeño. En la de este año hubo hasta cartas de reconocimiento hacia mí”, recalca la joven doctora con un orgullo justificado, y casi puedo imaginar un rictus de satisfacción al otro lado del auricular.

El doctor Centeno era aún más urbano que Suárez. Sus raíces son de Alajuelita, donde tuvo que dejar a su familia para irse a trabajar al Área de Salud de Ciudad Quesada. Fue una oportunidad que no podía desaprovechar, pues se ganó un espacio apenas un mes antes de graduarse.

“Entré a laborar el 27 de febrero del año 2013 y me quedé laborando en el lugar donde realicé mi bloque de medicina comunitaria, ya que de mi persona salieron buenas referencias provenientes del personal de salud que estuvo a cargo  durante mi año de internado en el Hospital de San Carlos. Esto sin dejar de lado a Dios y a la directora médica del Área de Salud de Ciudad Quesada, quien confió en mis aptitudes y conocimientos, y con la cual siempre estaré agradecido.”

El paso por las aulas

“La parte teórica de los cursos se ve aquí de forma diaria. Cuando atiendo un paciente hipertenso, por ejemplo, inmediatamente me acuerdo y lo aplico”, afirma Suárez desde su posición de una doctora joven pero ya experimentada, y quien además tiene aún muy presente a aquellos profesores que la influyeron.

“Los doctores  Ericka de Marco y Carlos Salas siempre me impulsaron. Ellos se preocupaban de conocer a los estudiantes como personas. Se tomaban el tiempo para sentarse a hablar con una y atender dudas, a almorzar y a veces hasta me jalaban porque en ese entonces no tenía carro.”

El periplo emprendido desde las aulas de la San Judas Tadeo hasta Guápiles para ejercer su carrera, le han deparado a Melissa Suarez satisfacciones más allá de su profesión. En el momento de realizar la entrevista para este reportaje, recientemente habían dado a luz a Luis Alonso, su primer hijo. Y en estos momentos, mientras usted lee estas líneas, Suárez probablemente esté finiquitando los últimos detalles para la apertura de su consultorio privado.

Apenas graduada, Ileana Roverssi encontró

trabajo en el Ministerio de Salud en el Centro

Nacional de Farmacovigilancia.

Para Roverssi, por otro lado, su paso por las aulas de la San Judas fue la forma de concretar una aspiración que germinó desde la infancia.

“Toda mi vida quise estudiar medicina para ayudar a los demás. Luego, pasé circunstancias familiares que me motivaron aún más a seguir aprendiendo, para poder ayudar a otras familias a que no tuvieran que pasar por lo mismo.”

Roverssi, quien además desea especializarse en geriatría, reconoce el aporte de profesores que influyeron fuertemente en el tipo de profesional que es ahora.

“Sin duda el profesor que más me marcó ha sido el doctor Gutiérrez. Era sencillamente el maestro; un señor como ninguno, tanto profesional como persona. A alguien así se le recuerda por siempre. Pero también tuve otros profesores excelentes como el doctor Sancho, un hombre siempre dispuesto a ayudar, a enseñar, a explicarte mil veces la misma situación. También la doctora Pire, quien, creo, siempre va estar en el recuerdo de todos los que cursamos materias con ella. Excelente mujer, luchadora y, para mí, una gran persona.”

Por su parte, Centeno recuerda haber pensado muy bien el lugar donde cursaría la carrera de medicina.

“Ya había escuchado de la San Judas Tadeo, ya que varios médicos de la clínica y Ebais a los que asistí eran egresados de ahí. Además, me gustó el programa académico y las subespecialidades dadas por cuatrimestres, algo que en otras universidades no se ve. También las clases personalizadas, en las que no hay esa aglomeración de estudiantes con un mismo profesor. Me gustó mucho el trato humano y profesional recibido por parte de la universidad, en donde el estudiante no es un código. Y una de las razones más importantes: la beca que me otorgaron, por lo que siempre estaré agradecido con Doña Helia Betancourt.”

Al igual que Roverssi, el Centeno recuerda con especial afecto al doctor Gutiérrez, así como a otros profesores que marcaron su rumbo como profesional médico. “El doctor Rodrigo Gutiérrez, que en paz descanse, siempre luchó porque la medicina del primer nivel de atención fuera ejercida por médicos mucho más integrales y por lo tanto transmitió ese pensamiento a nuestra universidad. También admiro al doctor Carlos Sancho, por su entrega y dedicación a la medicina. Él siempre se preocupó por que sus estudiantes fueran exitosos profesionales. Además, el doctor Fabio Villalobos, quien siempre nos transmitió la famosa frase del médico Gregorio Marañon: «Médico que sólo de medicina sabe, ni de medicina sabe”. Y no puedo dejar por fuera a la doctora Johanna Carmona, quien fue la que me dio las bases para sobrevivir en los Ebais.”